martes, 26 de enero de 2010

Otras voces, otros mundos

La verdad es que cada vez que se descubre un planeta extrasolar, uno no sabe si alegrarse o entristecerse. Alegrarse, por aquello del progreso de la ciencia, los nuevos horizontes, el conocimiento del universo y todo eso; pero entristecerse por la pequeñez, la miserabilidad, la poca importancia a que nos reduce. Porque por más acostumbrados que estemos a la Guerra de las galaxias, Viaje a las estrellas, la saga de Alien, y tutti le fiocchi, esas sagas interplanetarias son de factura nuestra, inequívocamente terrestres, con toda la simbología de espadas, de luz o de metal, que ya fueron, o si no serán, analizados por sutiles ideólogos del tema, que, agazapados, cada tanto brindan un trozo de sus elucubraciones.

Pero más allá de nuestras tristezas o alegrías, la nueva moda de los planetas extrasolares (“los planetas extrasolares se usan mucho esta temporada”, oí decir a una señora en un shopping), ya lleva 166 trofeos desde el año 1995, cuando apareció el primero. No a simple vista, desde ya; finos telescopios registraban pequeños movimientos de caderas (bamboleos) en estrellas, que revelaban el tirón de algún planeta, en general gigante, al estilo Júpiter o más. Desde hace poco, los planetas extrasolares empezaron a verse, lo cual es un paso adelante.

Eran planetas grandes, macizos, probablemente gaseosos, como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, bestias astronómicas que pese a su prepotente presencia planetaria no son sino grandes esferas de gas. Es lógico: con instrumentos gruesos, y a semejantes distancias, lo que se ve es lo conspicuo y lo pregnante, lo que ocupa mucho espacio, lo brutal, lo sin medida: mirando a lo lejos con binoculares, descubriríamos primero el Himalaya que las leves dunas entrerrianas.

Pero esta vez el premio fue más interesante: en vez de una porquería gaseosa (aunque grande, inmensa), apareció un planeta rocoso, es decir, estilo terrestre, alrededor de la estrella Gliese 876, situada a 15 años luz de la Tierra en la constelación de Acuario. Un planeta símil Tierra (o Venus, o Mercurio, o Marte), contante y sonante; al que ya clasificaron como “primo mayor” (lo cual es sin duda una exageración; es un poco temprano para perderse en analogías familiares, que predicen una larga ristra de tíos, cuñados, suegros e hijos no reconocidos planetarios).

Pero hay algo que no se entiende claramente: ¿cómo se sabe que este planeta sin nombre es “rocoso”? Muy simple: alrededor de la estrella Gliese 876, situada a 15 años luz de la Tierra en la constelación de Acuario, orbitan además del susodicho otros dos planetas, inmensos esta vez, cuyo tirón gravitatorio produce en Gliese el bamboleo que los delató. Pero resulta que los astrónomos norteamericanos de la Institución Carnegie (Washington) que los detectaron por primera vez encontraron un bonus track en el asunto: un bamboleo extra, menudo, tenue, casi imperceptible, que no se explica por los dos grandes planetas gaseosos, y ¡helo aquí!: con una masa entre 5,9 y 7,5 veces la de la Tierra y una temperatura en superficie entre 400 y 700 grados, que volvería redundantes las camas solares y las tostadoras eléctricas. Girando alrededor de su estrella a solamente tres millones de kilómetros (la Tierra está a ciento cincuenta millones de kilómetros del Sol) y completando una órbita en sólo dos días. A semejantes velocidades y temperaturas, no hay ninguna posibilidad de que el planeta pueda retener mucho gas, y en consecuencia, debe ser sólido. Sólido, macizo, como la desesperación, la tristeza o la carcajada.

Tenemos, así, un planeta sólido girando alrededor de una estrella razonablemente parecida al sol; si bien los parámetros son diferentes, planéticamente hablando, la cosa empieza a pintar bien.

Obviamente, que un planeta se parezca a la Tierra desata enseguida las fantasías de vida, en este caso extrasolar (es difícil entender por qué despierta tanto nuestra ansiedad, como si el resultado de la vida ennuestro planeta fuera tan placentero), pero naturalmente, por ahora, y por mucho tiempo, caerán en el vacío: al fin y al cabo, Marte también es un planeta rocoso, está aquí nomás y bióticamente todavía no se puede decir nada.

Cuando Copérnico decidió que la Tierra era un planeta igual que los demás, la inhallable Encyclopedia of Spurious Science, en su edición de 1593, lo definió como “un desvarío de quienes aún no han aceptado a Tolomeo”. Cuando se proclamó que las estrellas no eran sino soles lejanos, la misma Encyclopedia (1873) sugirió la conspiración de una asociación masónica para enmascarar la verdad. Cuando se determinó que el universo era un gran mar de galaxias, cada una con cien mil millones de estrellas, la Encyclopedia (1926) tronó contra “quienes pretenden transformar al universo hogareño en un frío producto técnico en base a mentiras sofisticadas fabricadas por aparatos inverosímiles”. En ocasión de detectarse el primer planeta extrasolar, incoherentemente proclamó “que descubrir un planeta extrasolar prueba una vez más que Tolomeo estaba en lo cierto y que tales planetas no existen”. Ahora, al aparecer un planeta extrasolar y rocoso, es previsible que la próxima edición de la Encyclopedia considere “que es una prueba inequívoca de que nuestro planeta, como Júpiter, es una simple esfera de gas”.

lunes, 25 de enero de 2010

Modigliani



Amedeo Modigliani - Seated Nude. 1917

viernes, 22 de enero de 2010

Club del chiste

No olviden que pueden enviarnos chistes sobre ciencia a leonardomoledoblog@gmail.com


Un astrónomo, un físico y un matemático que estaban viajando en un tren por Escocia vieron por la ventanilla una oveja negra en medio de un campo. "Qué interesante" dijo el astrónomo, "todas las ovejas escocesas son negras". Al oírlo, el físico respondió. "¡No!, algunas ovejas escocesas son negras". Al oír lo que decían, el matemático dijo con cara de reproche "En Escocia hay al menos un campo que contiene al menos una oveja, que tiene al menos un lado negro".

miércoles, 20 de enero de 2010

La Dama de la Torre: Capítulo 6

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Otro día más sin ataudes en la ciudad. Otro lógico asesinado. Los muertos, lentamente, invaden las calles. Desde la Torre, la Dama vigila. ¿Podrán nuestros héroes resolver los enigmas que están por venir?



CAPITULO 6

La Facultad de Ciencias Exactas es un edificio por muchas razones extravagante. Data de fines de los años cincuenta, y fue terminado en la década siguiente. Ese solo dato bastaría para configurar un misterio, ya que los años sesenta fueron extraños, misteriosos. Como entonces predominaba una variante local -aunque algo folklórica- del internacionalismo académico, el edificio fue diseñado por un arquitecto noruego y toda su concepción está dirigida a soportar los rigores del invierno escandinavo. Fue, más que nada, una aventura teórica, y así nació ese palacio nórdico de dos pisos, arbitrariamente colocado frente al río, donde sobrevuelan los efluvios y la inmundicia de los balnearios municipales. Algunos metros más allá, se elevan dos pabellones más: son grises, feos, están desde hace años sin terminar y recuerdan vagamente los dibujos de Piranesi.

Adentro del edificio las escaleras y los pasillos se entrecruzan sin mucha lógica. Hay ascensores también, ascensores viscerales, automáticos, que se mueven misteriosa y lentamente en las entrañas del edificio, y que casi nunca funcionan. De todas maneras, a los alumnos no les está permitido utilizarlos. El duro aprendizaje de la ciencia se hace a escalera limpia.

Los pasillos, por otra parte, rara vez conducen a lugar alguno. Son más bien conceptos que recursos de la arquitectura. Y si algún alumno avispado logra preguntarse: ¿a dónde va? ¿a dónde vamos con todo esto?, le contestan que los pasillos, plataformas y pasadizos, como los enigmas, solo culminan en recovecos. Pero los alumnos no suelen comprender esto, y forman centros de estudiantes, asociaciones de protesta y comisiones de reparación que recuerdan al SCOF.

En el segundo piso, se amontonan las oficinas de los profesores full-time del Departamento de Matemáticas, a lo largo de un corredor que se pierde en las tinieblas del sector sudeste (lo cierto en que en ese edificio conviven cuatro ciencias que se toleran difícilmente y luchan todo el tiempo entre sí). Las puertas son herméticas, ligeramente macizas, completamente lisas y construídas en la bella madera de chilenel. Una minúscula plaqueta en el ángulo superior derecho de cada puerta, indica la identidad del ocupante.

El lógico había sido asesinado en la mitad de ese preciso corredor, en el corazón mismo del Departamento de Matemáticas de la Facultad. Hay mucho de empírico en este nuevo cadáver, en este corredor. Como era de prever, asistimos a una repetición: un grupo de tres alumnos murmuraba cerca del muerto. Quién se acuerda de un lógico una vez que esta muerto y de su cuerpo, con el suspiro final, como antes escapaba el alma, ha escapado hasta el último de los metalenguajes ? Los alumnos se santiguan; son costumbres atávicas que han recrudecido de repente, ante el giro que tomo la situación, y las preguntas infantiles que suscita un cadáver. Esto mismo me va a ocurrir a mí? Habrá resurreccción de la carne? La lógica: sobrevive a la muerte, o desaparece con ella? Es sólo cuestión de tiempo?

No debe sorprendernos este tipo de preguntas: pese a cierta fingida madurez, los alumnos no han abandonado aún la adolescencia, y en todo caso se han desprendido de ella como quien se saca un traje para vestir ropas más deportivas. Como un pájaro, que abandona un plumaje y se siente todavía incómodo en su nueva condición. Por eso esos murmullos de desaprobación ante la muerte, que surgen deformados, del mismo modo que surgen deformados en la boca de la Dama de la Torre, que no sabe ya en que idioma suspirar, mientras retoza, en su cama de badalquines y borlones, en brazos de un jorobado infame. Cómo se ha filtrado ese monstruo deforme en esta realidad compacta? No importa. Desaparecerá con ella, será arrastrado por el fluir de la novela, sin dejar rastros.

Los alumnos, en cambio, no. Seguirán estando. Han abandonado ese aire de neorrealismo italiano que alguna vez tuvieron, cuando a través de siglas y banderas estaban aliados con las verdaderas fuerzas que un día iban a cambiar al mundo. Abandonaron la lógica dialéctica, la lógica hermenéutica, la lógica simbólica, para chillar como marranos reclamando la continuidad de la sociedad civil que aceptan sólo en calidad de rampa o trampolín para el ascenso social. Se adecuan ahora al estilo del Nuevo Orden, que gira como una calesita sobre el pivote común del jean y la remera, que sobrevuela la moto y la estampa del Che Guevara. Perciben la vida como un fluído sutil que corre con debilidad por las cañerías de la sociedad de masas. La realidad ha terminado por ser pura experiencia empírica, tiene consistencia televisiva y es en la pantalla donde, con su adolescencia abandonada a cuestas, miran azorados a los policías, que, adultos detentadores del poder,zumban alrededor del cadáver, dibujando su forma en el suelo de baldosas del Departamento de Matemáticas, tratando de captar la precisa posición del más allá.El rostro de los policías les parece brutal, pre-hegeliano. Alguien saca fotos. Los policías, por cierto, también miran televisión.

El Comisario Inspector dialogó brevemente con ellos. -Un balazo esta vez,- me comentó.-Por lo menos hay alguna variación.

-Y el arma?

-Misterio.Misterio total. Desapareció como una vulgar electrodisipadora. Lo malo que tienen estos asesinatos es que nos dejan cadáveres perfectamente lógicos, es decir, sin fisuras que puedan conducir a la verdad.

-Esas son todas las conclusiones que sacó?

El Comisario Inspector dirigió una mirada despectiva a los policías -para sacar conclusiones hay siempre un único camino: recurrir a las fuentes del poder. Antes que ponerme a mirar huellas digitales y compararlas con las de Bertrand Russell, prefiero entrevistar directamente al Director del Departamento de Matemáticas.

Pero no es tan fácil. La secretaria del Director del Departamento de Matemáticas nos cierra el paso. Es una rubia bonita y convencional, perfecto subproducto de la burocracia universitaria.

-Imposible verlo dice está en una reunión. Una reunión importantísima con el embajador de Inglaterra.

-Acaba de producirse un crimen le informo

Ella se encoge de hombros. Y qué le importa un crimen? A lo largo de su experiencia como burócrata de la facultad, ha visto muchos crímenes. Ha visto alumnos arrancados de las aulas y conducidos,en autos sombríos,hacia un destino incierto.Ha presenciado tiroteos en los techos, y chicas y chicos arrastrados, moribundos, hacia los baldíos que conforman el justo fondo de la Ciudad Universitaria. Y alguien se conmovió por eso? Apenas un puñado de mujeres locas y empecinadas.

-Pero es urgente que lo veamos -argumenté, mientras el Comisario Inspector sacaba su credencial y la colocaba sobre la mesa. Mi desesperación no surtió efecto, pero la credencial produjo una reacción instántanea. Aterrada, la secretaria rompió los sellos que clausuraban la reunión de su amo, y un instante después, el mismísimo Director del Departamento de Matemáticas, en la puerta de la Dirección, nos daba la bienvenida.

Era un viejito simpático, algo octogenario, que había alcanzado esa alta posición por los avatares de la política. De matemáticas, lo desconocía casi todo: su especialidad era la Historia Natural, y su sonrisa bondadosa reflejaba un pasado de herbolarios y bosques petrificados, de paciente observación de las aves migratorias y colecciones de huesos en vitrinas ad-hoc. Algo de los ríos precámbricos campeaba en su voz, elementos dispersos de geologías pretéritas, y células iniciales que pacientemente habían abierto su camino a través de la maraña prehistórica para dar paso a la multiplicidad de las especies.

Sobre un sillón de respaldo alto y plagado de almohadones, se reclinaba el embajador inglés,un hombre mediano y hermoso, sorprendido por la incesante maravilla del mundo, de edad regular no perturbada por ninguna arruga, muy propenso a la megalomanía y la nostalgia. Lo atraía lo mórbido, y su pasión principal era la paranoia que cultivaba como un deporte de moda, sin tomársela muy en serio. Despreciaba a su país y en general a todos los demás países, a los que consideraba simples aberraciones de un planeta demasiado confiado en sí mismo.

-Incorpórense a la reunión dijo el Director del Departamento de Matemáticas la diversidad y el choque de ideas no pueden sino enriquecernos.

-Este es el segundo lógico asesinado dijo el Comisario Inspector sentándose sobre el brazo de un sillón algo pesado y un poco grande para las dimensiones de la Dirección.

-Y el único lógico que teníamos nosotros dijo el Director del Departamento de Matemáticas,consternado Parece ser un problema, porque, según me dicen, la lógica es imprescindible para el correcto funcionamiento de las matemáticas. Eso no ocurre en la biología, donde todas las cosas, felizmente, son al azar. Ahora, deberé contratar a otro lógico, y no me queda ningún cargo para ofrecerle.

- No puede usar este mismo cargo, tan desgraciadamente vacante? preguntó el embajador inglés .

-Por una disposición de la Facultad, los cargos no son hereditarios profesionalmente dijo el Director del Departamento de Matemáticas fué establecido a instancias del Departamento de Biología, que considera que de este modo se favorece la selección natural.

-La selección natural es el peor sistema posible dijo el embajador inglés los resultados lo demuestran perfectamente y se sumió en una ensoñación: Tennyson y Shelley no eran ajenos a ella. T. S. Elliot, sin embargo, había quedado afuera.

-Ustedes necesitaran algunos datos- dijo el Director del Departamento de Matemáticas, revolviendo una caja llena de papeles a ver..... no se como se llamaba... en realidad, lo conocía muy poco. Cuando accedí a la direccción de este departamento, debido a las intrigas del Departamento de Biología, mis asesores y el centro de estudiantes me reclamaron lógica.

-Es natural. dije.

-No lo sé dijo el Director del Departamento de Matemáticas Yo soy biólogo. Las matemáticas me aburren profundamente, y en realidad las ignoro por completo.

- Y entonces por qué aceptó este cargo ?

- Intrigas políticas dijo el Director Mi querido señor: la política y la ambición forman una combinación espantosa. Usted no se imagina las cosas que ocurren en esta Facultad. Pero querían lógica, y les dí lógica. Contraté a este señor. Y ahora lo acabo de perder!

- Y de dónde lo sacó?

-Lo pedí a SOLOG, que me lo mandó enseguida.Lo cual desmiente, dicho sea de paso, la acusación de ineficiencia que siempre pesa sobre las instituciones filosóficas. Qué es lo que necesitan?

-Todos los datos posibles.

- Desgraciadamente, no tengo ninguno. Ignoro hasta el nombre que tenía. Pero pueden pedírselo a mi secretaria. Yo sólo me ocupo de asuntos académicos. Lo único que puedo decirles es que, mientras lo asesinaban, alguien vió desde las ventanas pasar un Peugeot azul.

El embajador inglés pareció despertar hay algo que quería comentarles dijo. Ayer tuve un golpe de suerte. Un anticuario de San Telmo me vendió una electrodisipadora en perfecto estado, por unas pocas monedas. Inglesas, es verdad, pero no por ello dejan de ser pocas, y de ser monedas.

- Una electrodisipadora? -pregunté.- Y para qué la quiere?

-Soy un apasionado de las máquinas dijo el embajador inglés- y las colecciono. Verdad es que mi colección, hasta ahora, consta de un único objeto, pero la unicidad tiene indudables ventajas, especialmente en lo que hace a clasificación y almacenamiento.

-Es verdad- admití.

-La única verdad es la realidad dijo el Director del Departamento de Matemáticas, confundiéndose de década.

-La única verdad esta en lo microscópico corrigió el embajador de Inglaterra. Complicadas maquinarias de abastecimiento fúnebre se condensaban en el aire abarrotado de la Direccción.

- Y por qué cree que lo mataron? -pregunté al anciano naturalista.
El director del departamento se encogió de hombros la muerte es un fenómeno natural. La biología descriptiva no puede comprenderlo ni evitarlo. Ni siquiera confirmarlo. Me han dicho que para eso están los médicos.

-Y los policías completó el embajador inglés.

-Me parece que no vamos a sacar grandes conclusiones aquí dije al Comisario Inspector mejor probemos con la secretaria. Para este tipo la facultad es sólo un escenario donde se manifiestan a su modo las leyes generales de la biología.No creo que un asesinato pueda impresionarlo.

- Y para qué quiere grandes conclusiones? -preguntó el Comisario Inspector

-Grandes Ilusiones corrigió el embajador inglés .

- Me podría decir dónde compró la electrodisipadora?- le pregunté.

-Por supuesto el embajador inglés garabateó una dirección sobre una tarjeta en blanco usted también se interesa en la tecnología?

-Algo así dije mientras salíamos. La secretaria, impresionada por nuestra familiaridad con los poderosos, nos proporcionó sin chistar todo lo que le pedimos: nombres, direcciones y teléfonos, ya que para eso, y no para otra cosa, están las secretarias.


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martes, 19 de enero de 2010

Haruki Murakami, baños y machismo en la ciencia


Quienes sean capaces de gozar las delicias de Haruki Murakami, en especial Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, cuya lectura debo –y es justo admitirlo– al consejo magnífico de un enemigo mortal, se encontrarán en Kafka en la orilla con la siguiente escena en una biblioteca privada: dos personas, pertenecientes a un organismo encargado de encontrar discriminaciones edilicias antifeministas, critican el hecho de que la biblioteca no tenga baños separados para hombres y mujeres. “Tal como puede observar, contesta Oshima (el encargado de la biblioteca), esta biblioteca es muy pequeña y no tenemos lugar para construir lavabos para hombres y otros separados para mujeres. Probablemente, sería deseable que los hubiera, pero por otra parte hasta ahora ninguna de nuestros usuarias se ha quejado, y si ustedes defienden el uso de lavabos separados por principio (como la mujer había dicho), les sugiero que se dirijan a la compañía Boeing en Seattle y les expongan el tema de los lavabos en los Jumbo. Los Jumbo son mucho más grandes que esta biblioteca y están muchos más llenos de gente y, por lo que sé, a bordo los lavabos son de uso compartido. Y dado que usted piensa en términos de principio, es de lo más pertinente.”



Ante la contundencia de la argumentación, las dos militantes-de-los baños-diferenciados-por-sexo (perdón, género) retrocedieron a una línea de defensa misérrima “no estamos investigando el problema en los medios de transporte” y se fueron. Estos excesos de lo políticamente correcto no dejan de ser divertidos, pero lo cierto es que el argumento es interesante porque fue uno de los que se usaron cuando se quiso impedir que fuera mixto el colegio Montserrat de Córdoba, el Mariano Acosta en Buenos Aires y ¡horror de los horrores! el mismísimo Colegio Nacional de Buenos Aires. Sin embargo, la discriminación y los baños tienen más anécdotas, una larga historia. El argumento fue utilizado en situaciones que dan que pensar: la alemana Emmy Noether (1882-1935) demostró teoremas importantísimos de invariancia necesarios para la teoría de la relatividad, inició el estudio de los grupos noetherianos, y para abreviar, era, en el campo de las matemáticas, una de las figuras más eminentes. Pues bien, en 1915, impulsada por el mismísimo David Hilbert, el matemático más importante del momento, se vio impedida de aspirar a un cargo en Gottinga por el solo hecho de ser mujer. Hermann Weyl, uno de los matemáticos del grupo Bourbaki, recuerda el argumento que usó Hilbert: “No me parece que el sexo del candidato sea un argumento para su admisión como Privatdozent; al fin y al cabo, esto es una universidad y no un establecimiento de baños públicos”, a pesar de lo cual no consiguió su objetivo y recurrió a la argucia de anunciar que las conferencias las daría él y haciéndolas dar luego por Noether.

Tampoco hay que olvidarse en la línea del machismo en la ciencia a la propia Marie Curie (que cuando quiso estudiar física en Polonia le recomendaron un curso de cocina) y luego en Francia, siendo titular de dos premios Nobel, le negaron el ingreso a la Academia Francesa de Ciencias por ser mujer (y con el pretexto de un enredo amoroso con Paul Langevin). O que a Lise Meitner, descubridora de la fisión del uranio, le escamotearon el Nobel en favor de Otto Hahn, que no había hecho más que los experimentos, y ante los resultados obtenidos, estaba perplejo hasta que ella aportó la solución. O también a Rosalind Franklin, ninguneada en la asignación de los premios Nobel por el descubrimiento de la estructura del ADN. Y sin hablar de Sophie Germain (1776-1831), que hizo trabajos importantísimos en teoría de números y se carteaba con Carl Friedrich Gauss usando el seudónimo de Monsieur Le Blanc para que él le diera bolilla.

En fin, historias de feminismo exagerado divertidas y de machismo real nada divertido, pero que pueden llevar a cualquiera que lea esta contratapa a introducirse en la literatura maravillosa de Haruki Murakami.

domingo, 17 de enero de 2010

"Las amenazas a la democracia no vienen del populismo sino del neoliberalismo" (Parte II)

SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA A ERNESTO LACLAU, TEORICO POLITICO, AUTOR DE LA RAZON POPULISTA


–¿Y el peronismo qué tipo de populismo fue? ¿Un populismo fascista? ¿Un populismo de izquierda?
–Definitivamente no fue un populismo fascista... fue un populismo que se volcó hacia la izquierda en el proceso de devenir central. Si pensamos en el peronismo de los años ‘60 en la Argentina, ahí hay cada vez más cantidad de demandas insatisfechas. Y de otro lado, el significante del retorno de Perón adquiere una centralidad cada vez mayor. Eso no tuvo nada que ver con un populismo de tipo fascista.
–Bueno, en esa etapa no. Pero en un primer momento parecería ser que sí, que lo que hacía y lo que proponía era muy similar a lo de Disraeli.
–Yo no lo veo para nada así. En primer lugar, Perón produjo un discurso en el cual él no estaba en contra de la lucha de clases. Cuando hablaba de “Braden o Perón”, lo que trataba de hacer era dividir a la sociedad en dos campos y, por lo tanto, hacía lo opuesto de Disraeli: en lugar de difuminar las fronteras internas, las creaba. Hay que pensar cómo funcionaba un sistema político en la Argentina en los años anteriores al peronismo: era absolutamente clientelista, todo se resolvía por las mediaciones de los punteros. Había, entonces, demandas que eran completamente individualizadas: no era un sistema como el de Disraeli, porque no se trataba de un clientelismo burocrático sino de un clientelismo clientelista, de un clientelismo de bases. Entre la demanda de la mujer que quería que atendieran primera a su hija en un hospital y la demanda de un hombre para casar rápido a su hijo no se formaba ninguna cadena equivalencial. Todo se resolvía a nivel local, por los punteros y los caudillos. El sistema funcionaba relativamente bien hasta 1930, cuando viene la crisis. En ese momento, las demandas que llegaban desde la base no podían ser satisfechas por el sistema institucional. Ahí se da una situación prepopulista, porque empieza a haber demandas insatisfechas por un lado y un aparato que no las puede absorber. En ese momento, a cierta altura, alguien de afuera del sistema empieza a interpelar a esos sectores de abajo por afuera de todo el sistema institucional. Ese es el origen del peronismo. Yo veo al peronismo como algo que creó un discurso de la ruptura interna de lo social, no como un discurso de la absorción individual de las demandas. Después empezaron a crear un sistema en donde esas demandas sí pudieran ser resueltas. Pero ese espacio que construyeron se daba siempre en oposición: en oposición a la oligarquía, al poder, a Estados Unidos. La mayor ruptura se da en esos años. Después empieza la gran apuesta, que es lo que viene después del ‘55. El argumento de la oligarquía restaurada sí era parecido al de Disraeli: absorber demandas individuales para que no se formaran las cadenas equivalenciales.
–¿Y por qué fracasó ese proyecto?
–Por muchas razones. Porque las inversiones extranjeras no representaron la fuente de desarrollo económico que se pensaba que iban a representar. Por el poder de la oligarquía ganadera en Argentina, que todavía están por acá dando vueltas y que exigían continuas devaluaciones. Faustino Fano, el presidente de la Sociedad Rural Argentina en 1960, usaba una palabra en todos sus comunicados que funcionaba como clave. Decía que los productores rurales se sentían “desalentados”. Cuando la gente leía eso en un comunicado, inmediatamente sabía que había que comprar dólares, porque sabía que lo que se pedía era una devaluación. Si la devaluación no se producía, el Ejército sacaba los tanques a la calle. Que el Ejército saque los tanques a la calle para imponer decisiones a un gobierno elegido democráticamente (al cual se supone que está subordinado) es lo que en cualquier país del mundo se llamaría “golpe de Estado”. Acá se llamaba “inquietud de las Fuerzas Armadas”. Al final, el juego semiológico había llegado a ser tan obvio que un día Fano salía del despacho presidencial y los periodistas le preguntaron: “¿Va a usar en su comunicado la palabra ‘desalentado’?”. El contestó: “Todavía no, pero dentro de una semana la vamos a usar si el gobierno no toma medidas”. Piensen que Frondizi, en efecto, sufrió 14 semigolpes de Estado.
–Ahora no sale el Ejército, los mismos ruralistas cortan las rutas.
–Sí, claro. Esas fuerzas no han dejado de existir, pero las podemos combatir mejor hoy en día. Aunque tienen un poder de convocatoria tremenda.
–¿Usted nota un proceso de derechización muy fuerte en la sociedad argentina?
–Creo lo contrario. Por un lado, a nivel del poder, se está evidentemente en una situación defensiva muy fuerte. Por otro lado, el poder popular se ha incrementado. Los Kirchner han representado un cambio importante desde esa perspectiva.
–Aparte en este momento, en Latinoamérica, hay una serie de gobiernos que se podrían denominar populistas de izquierda...
–Yo creo que este proceso habría que verlo en una secuencia histórica más amplia. Tradicionalmente, la democracia y el liberalismo no se dieron juntos. A principios del siglo XIX, la democracia era un término peyorativo, mientras que el liberalismo estaba perfectamente bien visto. Se requirió todo un largo proceso de revoluciones y reacciones para que liberal-democrático pasara a ser una unidad aceptada. Yo creo que en América Latina esa unificación nunca se dio. En primer lugar, el liberalismo fue la forma en que las oligarquías tradicionales organizaron la sociedad en la segunda mitad del siglo XIX. Esos regímenes eran liberales pero no eran democráticos en absoluto. Las demandas populares de los nuevos sectores a partir de comienzos del siglo XX empiezan a cristalizarse de maneras no liberales, como, por ejemplo, a través de las dictaduras nacionalistas. Entre liberalismo y democracia no se dio ningún tipo de articulación. Creo que en los últimos 30 años, después de las dictaduras más horripilantes que golpearon tanto la tradición liberal democrática, la base de esta unión empieza a ser plausible. Creo que hoy ya es evidente que ningún movimiento nacional y popular puede poner en cuestión las formas democráticas.
–¿Y se está formando una unión entre lo nacional popular y lo democrático como se formó en Europa y Estados Unidos entre lo liberal y lo democrático?
–Creo que estamos avanzando hacia ello. La gente muchas veces me pregunta si no creo que el populismo es una amenaza a la democracia. Yo creo que las amenazas a la democracia en América latina nunca han venido del populismo sino del neoliberalismo.
–Y una vez que estén dadas las condiciones para que emerja el populismo, ¿de qué depende que se oriente hacia la izquierda o hacia la derecha?
–Es que no es que primero se dé el populismo y luego se oriente hacia la izquierda o hacia la derecha. Las dos cosas se dan desde el comienzo mismo. Lo que sí se da es que a veces los movimientos comienzan de manera ambigua. Pongamos por ejemplo el caso del fascismo italiano: Mussolini era socialista originalmente. Lo que empieza a ocurrir es que después de la Primera Guerra Mundial la gente empieza a percibir que todo el orden institucional es un sistema que se está desintegrando, y que se necesita una refundación del sistema político. Es frecuente que la gente, en una situación de desorden generalizado, se sienta amenazada y demande un cierto orden. Cuál va a ser el contenido de ese orden es una consideración secundaria, en la medida en que haya un cierto orden.
–Esta manera de ver las cosas... ¿No nos hace depender demasiado de la figura del líder que aglutina las demandas?
–Yo no creo que el líder tenga ese tipo de centralidad. Si bien es cierto que la aglutinación de demandas depende un poco de la figura del líder, también es cierto que el ascenso de un líder (y no de otro) depende de las demandas que están en la base. Por un lado, los gobernantes se transforman en el símbolo de los gobernados, pero por otro lado los gobernados crean las bases para la constitución de este líder. Esto tiene que ver con la teoría freudiana de la distancia entre el “yo” y el “yo ideal”. El “yo ideal” es la figura del líder: si los particulares son débiles, el “yo ideal” ocupará un papel más central. Pero en otras circunstancias, la distancia entre el “yo” y el “yo ideal” no es tan grande, y entonces es un hermano el que ocupa el lugar del padre. Yo siempre tengo desconfianza de las teorías que hablan del “líder manipulador”. Porque para manipular a alguien, ese alguien tiene que dejarse manipular. Y muchas veces la acción del supuesto manipulado sobre el manipulador es una gran parte del proceso.
–Cuando uno piensa en el gran proceso de marginalización que se dio en Inglaterra, con los cerramientos, es inevitable pensar que toda esa gente pobre que era lanzada a los caminos iba a convertirse, sin siquiera imaginarlo, en la base de lo que iba a ser la Revolución Industrial. El proceso de marginalización que se está dando ahora: ¿puede ser parte de un proceso más grande, como la marginalización esa fue parte de la Revolución Industrial?
–Aquí lo que se está dando es una terciarización, por lo cual no parece haber ninguna forma obvia o equivalente a lo que fue la Revolución Industrial. La identidad de obrero industrial ya no es tan central ahora: estamos ante otro tipo de sociedad. El vínculo económico no tiene la misma importancia que tenía en la época de Marx. Yo creo que la forma de recomposición social no va a estar dada por la estructura económica simplemente, sino que va a estar dada por algún tipo de forma política.
–¿Cómo sería eso?
–Es lo que empezó a intuir Gramsci. La heterogeneidad social, según él, es un mundo que sólo puede reconstituirse a través de la hegemonía, es decir, de la acción política.
–En Hegemonía y estrategia socialista usted habla de “radicalizar la democracia”. ¿Por qué tenemos que radicalizar la democracia?
–Para vivir en un mundo mejor.

sábado, 16 de enero de 2010

"Las amenazas a la democracia no vienen del populismo sino del neoliberalismo" (Parte I)

 DIALOGO CON ERNESTO LACLAU, TEORICO POLITICO, AUTOR DE LA RAZON POPULISTA



El populismo ha estado cargado de connotaciones negativas, pero para Laclau el populismo no es un movimiento que baje directamente del líder hacia el pueblo sino, a menudo, todo lo contrario, y puede convertirse en una opción genuinamente progresista para América latina.


Por Leonardo Moledo y Nicolás Olsevicki


–¿Qué representa para usted el populismo? ¿Qué es? ¿Qué papel juega en la transformación social? Porque es un movimiento que se asocia, generalmente, a lo irracional. Y es muy criticado desde las posturas más clásicas de la izquierda.
–Bueno, le voy a dar, para comenzar, un ejemplo. Supongamos que en una localidad hay un grupo de gente que le pide a la municipalidad que cree una línea de ómnibus para llevarlos desde el lugar donde viven al lugar donde trabajan. Supongamos, también, que la demanda no es satisfecha, con lo cual se genera una frustración. Si esa gente empieza a ver que alrededor de ellos hay una serie de otras demandas que tampoco son satisfechas (con respecto a la salud, a la escolaridad, a la seguridad, por ejemplo), entre todas esas demandas insatisfechas se empieza a crear una cierta solidaridad, y se empieza a ver que hay una especie de distancia entre el espacio en el cual se generan las demandas populares y el poder. Ese tipo de distancia empieza a crear una especie de división en el campo social entre el poder y el ámbito popular. Es decir: empezó a surgir el clima donde el populismo puede emerger.
–No está basado en relaciones de clase...
–No, o por lo menos no necesariamente. Está basado en una cantidad de demandas insatisfechas que se articulan espontáneamente de determinada manera. En cierto momento la gente empieza a advertir que entre todas las demandas insatisfechas se establece lo que yo llamo en mi teoría una “cadena de equivalencias”, porque todas ellas expresan un cierto rechazo respecto de un sistema. Ahí es donde se crean las bases para el populismo, la existencia de un pueblo que se enfrenta al poder establecido.
–Si la demanda es esa línea de ómnibus, y se puede articular con otras demandas parecidas, ¿por qué tenemos que pensar que es algo antisistema y no movilizador del sistema? En el sentido en que el sistema tendría que funcionar de todas maneras...
–Eso no determina cuál va a ser la naturaleza del enemigo. El populismo no es en sí ni malo ni bueno: puede avanzar en una dirección fascista o puede avanzar en una dirección de izquierda. El maoísmo, por ejemplo, fue un movimiento populista en el cual las masas de China, que estaban desorganizadas por la invasión japonesa, consiguen una expresión a través del Partido Comunista. Pero también fue populista el fascismo italiano. Otra vez: el populismo no es ni bueno ni malo: es el efecto de construir el escenario político sobre la base de una división de la sociedad en dos campos.
–¿Pero cómo puede ser un elemento de la acción política, si no es ni bueno ni malo?
–La acción política tiene siempre lugar entre dos polos: el institucionalismo y el populismo. El institucionalismo es la absorción individual de las demandas por parte de un sistema que impide que se cree la cadena de equivalencias. Ese es el caso de Disraeli en la Inglaterra del siglo XIX. El decía: “La sociedad inglesa está completamente dividida en dos campos, y si seguimos así vamos a acabar todos como Luis XVI. Lo que hay que hacer, cuando hay dos naciones, es crear una nación. Ahora bien: ¿cómo crear una nación? Sobre la base de la absorción individual de las demandas”. Toda la teoría política del torismo inglés estaba basada en la creación de una sola nación mediante la absorción individual de las demandas, impidiendo que se crearan cadenas equivalenciales que dividieran a la sociedad en dos campos. Toda esta ideología después pasa a la idea del Estado de Bienestar: absorber demandas para que no haya puntos de ruptura en la sociedad. Era el reemplazo de la política por la administración. La sociedad iba a ser dirigida de un modo administrativo sin que hubiera ningún punto de ruptura política. Ese era el lema que en el siglo XIX proclamaba Saint-Simon: hay que pasar del gobierno de los hombres a la administración de las cosas.
–Digamos que si reemplazamos la palabrita “administración” por “gestión”, eso tiene connotaciones bien actuales en la Ciudad de Buenos Aires...
–Sí. Ese fue el lema de todo el positivismo: en la bandera brasileña, aún hoy, el lema es “Orden y progreso”. Les doy un ejemplo opuesto: si pensamos en el fenómeno de Solidaridad en Polonia, aparece lo contrario. Al principio, las demandas eran muy individualizadas: eran los obreros de los astilleros Lenin que pedían determinadas cosas muy puntuales. Como esas demandas y esos símbolos se plantean en una sociedad en las cuales muchas demandas no están siendo satisfechas, empiezan a ser los símbolos de una totalidad social.
–Y comienza a formarse la cadena de equivalencias. ¿Qué es exactamente esa cadena?
–Pongo un ejemplo: si hay demandas con respecto a transporte, a vivienda, a seguridad, a educación, la gente empieza a percibir que entre todas esas demandas hay una cierta solidaridad, porque todas se refieren a algo que no es satisfecho. Lo que se necesita después es que toda esa cadena se cristalice en determinado símbolo...
–¿Por ejemplo?
–Perón. Esa forma de cristalización es, por un lado, lo que llamo un significante hegemónico. Hegemonía quiere decir que una cierta particularidad, en determinado momento, asume el rol de algo mucho más amplio de lo que la particularidad originaria representaba. Del otro lado, tiende a ser un significante vacío, puesto que para representar la totalidad de la cadena debe romper sus vínculos con la particularidad originaria (y entonces representa algo que la rebasa ampliamente). Cuando se da ese juego, por el cual ciertos significantes pasan a ser hegemónicos y vacíos, tenemos populismo.
–¿Y eso no se parece un poco al bonapartismo?
–Digamos que el bonapartismo es una de las formas posibles de eso, pero el fenómeno es mucho más amplio.
–¿Cómo se da el paso de la cadena de equivalencias a esa cristalización, ese paso de la particularidad a la universalidad?
–Bueno, es una transición que no tiene por qué ser lógica y que depende de muchos avatares históricos. A la cuestión de si hay algo en el significante originario que lo lleva a ser el punto de confluencia de todas las demandas, la respuesta es que no. Muchos significantes pueden actuar así. Como decíamos antes: podemos llegar a tener un populismo fascista, un populismo de izquierda...