martes, 10 de abril de 2012

El fulgor


Decidido y veloz apunta
 el pájaro
hacia el pesado párpado
crepuscular y en sombra
del final del verano.

El vuelo es vertical en el instante
 de luz máxima. Y no se sabe
qué hay después.

La luz arde. Lo incandescente
en la pulida cáscara de las últimas cosas
las ha vuelto intangibles y todo
 lo que solíamos  llamar la realidad
hoy se despide
de esta manera espléndida.

Y deberíamos temblar tal vez, y andar buscando
como a tontas y a locas una madre
en donde guarecernos del fulgor, y sin embargo
tanta potente luz nos deja boquiabiertos.
Mientras tanto, hundido está en la grieta de las últimas cosas
imperceptible el tiempo. Deberíamos
llorar por el adiós que anticipamos próximo,
 abandonarnos al dolor

y sin embargo
tanta
tanta potente luz.



Poema de Raquel Jaduszliwer publicado en el libro Los panes y los peces, Editorial De Los Cuatro Vientos, que ganó el Primer Premio Internacional de Poesía 2011 de la editorial.