lunes, 18 de noviembre de 2013

EL PENDULO DE FOUCAULT

-Si no haces algo - le dijo Armand Baladreu a Foucault - Umberto Ecco no va a poder escribir una segunda novela.

-Ya hice bastante- le contesto Jean Bernard Foucault (1819-1868) - y en 1853 voy a demostrar de una vez por todas que la luz viaja mas despacio en el agua que en el aire.

- La luz? - contesto Baladreu mientras bebía una copa de cognac - "La luz de Foucault". .. no me suena - estaban pasando la velada en casa de Madame Ravignac. - tendría que ser otra cosa.

-No se me ocurre otra cosa. .. -dijo Foucault, volviéndose lánguidamente hacia Mme. Ravignac.

Esta se sintió obligada a intervenir- Y por que no un péndulo? - sugirió - "El péndulo de Foucault". Suena lindo, no es cierto?

-Casi tan lindo como "el nombre de la Rosa - comento desganadamente Baladreu.

-Un péndulo? Sea! -acepto Foucault.

- ¿Pero que se puede hacer con un péndulo que no se haya hecho ya?

-Voy a aprovechar la fuerza de Coriolis - dijo Foucault.

- La fuerza de Coriolis? - se escandalizo Mme. Ravignac - eso suena muy poco francés. Espero, Foucalty, baby, que no sea el titulo de una de esas operas escandalosas que representan los italianos.

-De ninguna manera - contesto Foucault. conmovido por el apelativo. - Coriolis era francés y murió hace poco, en 1843. Fíjense en lo siguiente. La rotación diaria de la tierra hace que todos sus puntos, estén donde estén, den una vuelta completa cada veinticuatro horas. Pero para dar una vuelta completa, un punto que esta sobre el ecuador, tiene que recorrer mas camino que un punto que esta cerca del polo, y como consecuencia, los puntos que están cerca del ecuador se mueven a mayor velocidad. Un punto sobre el ecuador recorre mil quinientos kilómetros por hora. La ciudad de Nueva York, ochocientas. Coriolis demostró matemáticamente que a causa de esta diferencia de velocidades aparece una fuerza capaz de desviar una bala disparada desde el ecuador hacia el norte. Los vientos que soplan de sur a norte ( o de norte a sur), se desvían por la misma razón. Rotan, en realidad. Balas y viento. En la guerra y en la paz, como diría Tolstoi, la fuerza de Coriolis esta presente.

-La Guerra y la Paz no se escribió todavía, mon cerio - dijo Mme. Ravignac

-Bah - apunto Baladreu - El Nombre de la Rosa tampoco.

-Y donde aparece el péndulo? - pregunto Balandreu, algo molesto por las atenciones que Mme. Ravignac deparaba a Foucault. -Muy simple. Si la fuerza de Coriolis puede desviar la trayectoria de una bala, o hacer rotar a los vientos, tiene que hacer rotar también a un péndulo que se mueva de norte a sur. Si montamos un péndulo suficientemente grande y pesado, lo veremos rotar parsimoniosamente. Que les parece?

-Estupendo - dijo Baladreu. - Me parece estupendo. Va a ser la primera vez que se demuestre la rotación de la tierra mediante un experimento directo. Va a causar sensación.

Mme. Ravignac aplaudió. - "La rotación de la tierra hace rotar un péndulo" - dijo. - Parece el titular de un diario - a toda costa ella quería dejar a Coriolis fuera de la cuestión, ya que no obstante ser francés, le resultaba demasiado italianizante.

-Manos a la obra. -urgió Baladreu.

Corría el año 1849, y Foucault realizo su espectacular experimento en 1851. Mediante un alambre de hierro de diez metros de largo, suspendió una gran esfera, también de hierro, de la cúpula de una iglesia de París, en cuyo suelo esparció arena. Cuidando que el aire y el edificio estuviera libre de vibraciones, se arrastro la esfera hacia una de las paredes, y cuando todo estuvo inmóvil se la soltó, dejándola oscilar.

El péndulo empezó a balancearse, y en cada vaivén, dejaba una marca sobre la arena del piso. A medida que pasaba el tiempo, y las idas y vueltas se sucedían, la marca hecha en la arena cambiaba de orientación a ojos vista: el péndulo estaba, efectivamente, rotando, y lo hacia según la dirección y el ritmo predichos por Foucault!. Todos los presentes (y en especial Baladreu y Mme. Ravignac) contuvieron el aliento : estaban viendo, por primera vez, a la Tierra girar ante sus ojos.

-Foucault, Foucault, que grande sos- murmuro Baladreu, inspirándose en una canción de moda.

-No te pareció effrayante? - pregunto Mme. Ravignac cuando salían de la iglesia.

-Bah - dijo Baladreu , que a cada momento cambiaba de opinión. - No valía la pena tanto esfuerzo para verificar la rotación de la Tierra. Al fin y al cabo, todo el mundo sabe que la Tierra rota. Espero que por lo menos, Umberto Ecco nos agradezca este favor. c