miércoles, 22 de julio de 2009

Milonga de Galileo y el taura

Por Leonardo Moledo

Galileo Galilei, nacido en Pisa en 1564, fue uno de los científicos más grandes que existieron. En el año 1609 enfocó el recién inventado telescopio hacia el cielo y descubrió un mundo nuevo, que apoyaba el sistema copernicano. El descubrimiento ejerció un inmenso impacto en el pensamiento astronómico y dio un impulso tremendo al triunfo del sistema copernicano, que arrastró a Galileo a un conflicto con la Iglesia Católica, que terminó con su condena en 1636. Galileo murió en 1642. En 1970 el Papa Juan Pablo II inició la revisión del caso Galileo. En 1995 la iglesia reconoció su error, el Papa pidió perdón por la condena, y Galileo fue reivindicado.


La muy santísima iglesia
reivindició a Galileo
después de trescientos años:
lenteja, asigún yo creo.

Pero muy pocos conocen
la verdadera razón,
y el secreto bien guardado
de tal reivindicación

Sucede que en Buenos Aires
allá en Barracas, que un día
se llamó Santa Lucía,
había un taura aficionado
a estudiar astronomía.

Se sentaba, noche a noche
a orillas del Maldonado
a contemplar las estrellas
y meditaba asombrado.


"Qué taura tan grande fue
Galileo Galilei,
malevo como el que más,
y encima, varón de ley.

¿Cómo se puede admitir
que le hayan hecho un proceso,
en el que casi lo queman
y después lo manden preso?

Y un día como cualquiera
con el facón en la mano,
decidió cambiar las cosas
y viajó hasta el Vaticano.

Se fue derecho a San Pedro
y sin pedirle permiso
se plantó ante el propio Papa
achurando a un guardia suizo.

Y sin besarle el anillo
le dijo: Su Santidá
permitamé que le hable
con entera libertá.

¿Acaso la iglesia cree
que el sol se mueve a través
del cielo, y sigue ignorando,
que es justamente al revés?."

Y dijo el Papa: "Hijo mío,
sabemos bien quién se mueve,
pero arreglar ese enriedo
ahora nadie se atreve.

"Resulta casi imposible
reparar todos los daños
que hizo la Inquisición
hace ya trescientos años."

Y el taura "Usté, como Papa,
tal vez lo pueda decir,
pero yo, como malevo
no lo puedo permitir."


"Arreglarlo", dijo el papa,
"es una complicación,
hay que citar un Concilio,
tal vez una Comisión,

hay seiscientos cardenales
cada cual con su opinión,
¿usted sabe lo que implica
semejante discusión?"

"Mire, Papa", dijo el taura,
"no me importa lo que implica:
al amigo Galileo
usté me lo reivindica."

"Si no, Juan Pablo Segundo,
le voy a ser muy sincero,
me da el pálpito que pronto
habrá un Juan Pablo Tercero."

Contestó el Papa: "hijo mío,
estoy lleno de problemas,
no trates de complicarme
trayéndome nuevos temas.

¿Sabés lo que significa
manejar el Vaticano,
la mafia, la corrupción,
y el crack del Banco Ambrosiano?

Los sacerdotes rebeldes,
cada tanto un atentado,
y afinar el papamóvil
que tiene el motor gastado.

Los curas que se me casan,
el aborto, el forro, el SIDA,
¿por un científico más
me voy a amargar la vida?"

Y el taura: se lo repito,
le juro como malevo
que usté me lo reivindica
o tenemos Papa nuevo.


Al tiempo que esto decía,
revoleaba su facón
en las narices del Papa,
con mucha resolución.

En fin, suspiró Juan Pablo,
cosas que el papado tiene,
¡solucionar un entuerto,
que no me va ni me viene!

Y vista la cercustancia
el Papa salió al balcón
y admitió que Galileo
tuvo toda la razón.

3 comentarios:

Walter dijo...

Hola. Me presento: soy Walter Lamas, estudio Letras en la UNLP, y quería contarle que la profesora titular de la cátedra de Introducción a la Filosofía leyó su "Milonga de Galileo y el taura", lo que provocó gran diversión entre nosotros, los alumnos. ¡Está bárbara! Le dejo mis felicitaciones y un sincero saludo, desde acá, la distancia,

Walterio

SIL dijo...

Grandioso, y es poco adjetivo.

Edith dijo...

Profesor! esta milonga es magnífica. Una amalgama entre nuestra cultura, la historia de la ciencia, una antigua controversia y mucho humor! Genial. Ojalá yo pueda evolucionar en esa dirección!