viernes, 9 de septiembre de 2011

Nacimiento del acero

    El acero se produce en los altos hornos agregando al hierro fundido átomos de oxígeno. El proceso de producción es muy complejo, e implica el volcado de hierro en grandes estructuras, dentro de las cuales se producen las transformaciones químicas que  permiten dotar al hierro de dureza y lo convierten en un instrumento ideal para construcciones, rieles y todo tipo de maquinarias. El acero que se forma en los altos hornos (en los cuales hay temperaturas de dos mil grados) se acumula, líquido, en el crisol, de donde se recoge y luego enfría. Artesanalmente, el acero se fabricaba desde hace varios siglos, y hacia el 1400 ya eran famosos los aceros toledanos (usados básicamente para espadas y armas).

Despuntaba la edad de los metales:
el cobre que no brilla, el bronce alado
la plata gris, el oro deseado
el hierro, de reflejos vegetales.

Un hombre hizo una espada, otro un arado.
Alguien hendió un cuerpo, alguien la tierra
y hubo trigo en la paz, sangre en la guerra.

Pero quisieron más: lo incorruptible,
lo eterno, lo inflexible, la dureza,
inmune al aire, al agua, al invisible
paso del tiempo, que sigue y que no cesa.

Fabricaron un horno, donde ardían
las llamas del infierno verdadero
juntaron minerales, los mezclaron
con el aire inflamado, se sentaron
a jugar a los dados,
                        recordaron
un mundo hecho de piedra y de madera,
el mundo del origen, el primero,

esperaron
                      seis, siete,
ocho horas
                        apostaron
Sus vestidos al azar del cubilete.
El velo del Templo se rasgó, una noche oscura
se abatió sobre sus ojos agrandados
que miraron con espanto: el mundo entero

temblaba.


Lentamente en el crisol se acumulaba,
la silueta creciente del acero.