lunes, 19 de noviembre de 2012

EL DESTINO DE LAS ESTRELLAS



Si es cierto que nueve de cada diez estrellas usan cierto jabón de tocador, si es cierto que la vida de una estrella de cine es una lucha constante contra los periodistas que la acosan y esta plagada de escándalos, divorcios y reconciliaciones, la vida de una estrella de verdad es una lucha no menos permanente, esta vez contra la gravitación, que pretende aplastarla contra su centro. Las capas exteriores de una estrella presionan sobre las interiores, que a su vez empujan a las que tienen la desgracia de encontrarse todavía mas cerca del centro, y entre todas, tratan de que el astro se derrumbe sobre si mismo y quede reducido, si esto fuera posible, a un mero punto. Si el destino de una estrella de cine depende de su suerte (y en cierta medida de su talento), el destino de una estrella de verdad depende de su masa, es decir, de la cantidad de materia que contenga. Es esta la que decidirá si ha de terminar su carrera con una gigantesca explosión o se enfriara pacíficamente hasta ser olvidada, entre otras alternativas no menos interesantes.


El origen de una estrella no puede ser mas humilde: nacen en una cuna de hidrógeno, el material mas abundante y barato del universo como una nebulosa de este gas que se contrae y se calienta por acción de la gravedad. La contracción eleva la temperatura hasta el momento en que es suficientemente alta como para que en el centro se encienda un verdadero horno nuclear, donde el hidrógeno se cocina y fusiona en helio, liberando cantidades pavorosas de energía. En ese instante, la estrella comienza a brillar, y los procesos nucleares del centro generan una presión hacia afuera que consigue equilibrar el empuje gravitatorio y detener la contracción. Este equilibrio puede durar cientos o miles de millones de años, pero el hidrógeno no es eterno. Cuando se acaba y los procesos nucleares dejan de poder sostener a la estrella, la fuerza gravitatoria recupera la iniciativa y la estrella comienza inexorablemente a contraerse y elevar aun mas su temperatura hasta que el helio empieza a fusionarse en elementos mas pesados. Y aquí es donde entra a jugar la masa de la estrella, porque es el peso de la estrella sobre su centro quien determina las temperaturas que se podrán alcanzar y lo que ha de ocurrir a continuación.

Si la estrella es pequeña (si tiene una masa comprendida entre una y tres masas solares), el helio se funde calmamente en elementos mas pesados (carbono, oxigeno) y la estrella (tal vez después de atravesar una fase de expansión) se enfriará pacíficamente hasta convertirse en una enana blanca, una estrella pequeña y olvidable. Ese va a ser el destino de nuestro sol.

En las estrellas un poco mas grandes (entre cinco y ocho masas solares) el helio se funde y da carbono, luego oxigeno, que sufre una combustión explosiva, las llamadas supernovas de tipo I, que destruyen completamente la estrella, y no dejan detrás de si mas que una nube de polvo interestelar.

Solo las estrellas de masa suficientemente grande (más de 10 masas solares) pueden alcanzar en su centro una temperatura suficientemente elevada como para sintetizar el hierro, el elemento mas estable de la naturaleza, cuya fusión no es ya una fuente de energía, y no puede, por lo tanto, contener el colapso gravitatorio. El derrumbe del núcleo de hierro desata una pavorosa explosión llamada supernova de tipo II, que lanza violentamente al espacio interestelar las capas externas de la estrella: en el centro, queda un pequeño núcleo contrayéndose: una estrella de neutrones, o si la estrella es más masiva aun, un agujero negro. Los gases lanzados al espacio servirán para el nacimiento de futuras generaciones de estrellas. El físico poeta español Rodríguez Fontevecchia gloso en un romance este curioso destino de las estrellas, oscilando entre la seguridad nuclear y el colapso gravitatorio.


Suelen nacer las estrellas

como una nube de gas
que se contrae y calienta
hasta ponerse a brillar.
Las reacciones nucleares
compensan la gravedad
mas si falta el combustible
y la estrella no da más
la fuerza gravitatoria
comienza a predominar
y la estrella se colapsa
como si fuera de pan.

Si su masa es muy pequeña

como la masa solar
quedará una enana blanca
como recuerdo estelar.
Mas si la estrella es masiva
el colapso será tal
que una explosión muy violenta
marcara el duro final.
No envidies a las estrellas
poder ni serenidad
no son tranquilas ni eternas:
como tú y yo, pasarán.