miércoles, 22 de mayo de 2013

Buenos y malos pastos


DIALOGO CON MARIA VICTORIA NOVAS, DOCTORA EN BIOLOGIA


Diferentes especies de hongos, llamados endófitos, habitan en el interior de los pastos. Algunos, por las toxinas que producen, son letales para el ganado que se alimenta de las gramíneas. Otros tienen relaciones beneficiosas que dan, por el contrario, mejores pastos.


–Cuénteme lo que hace, por favor.
–Yo trabajo con endófitos de pasto. Los endófitos son hongos que forman asociaciones simbióticas con los pastos, es decir, viven en el interior de los pastos, pero no se ven a simple vista en el campo. Nosotros los detectamos porque recolectamos el pasto, lo procesamos, lo teñimos y al microscopio podemos detectar si en el interior del tejido de esta planta se encuentran los hongos viviendo o no.
–¿Y por qué nos interesa esto? –Más allá del interés básico, que es entender cómo funcionan las cosas en general...
–Desde ya... –Decía: más allá de eso, el interés del estudio de esta línea es que originalmente se veía que había ganado que, como se alimentaba de ciertos pastos, se enfermaba: gangrena, disminución de la fertilidad, se producían abortos, y no se sabía cuál era la causa. Más o menos en los ’80 se asoció que estos pastos de los que se alimentaba el ganado estaban colonizados por los endófitos. Y estos endófitos producen toxinas que enferman al ganado. Por ese lado era un problema: ¿Qué hacemos con este pasto? Eso, desde el lado “antropocéntrico”, por decirlo de alguna manera. Pero por otro lado, hay pastos que tienen estos endófitos, que no son tóxicos para el ganado, y que presentan un montón de características que son beneficiosas, por ejemplo, para el ganado mismo; o las plantas crecen mejor, o son más resistentes a la sequía, son más grandes, producen más semillas, presentan mayor competencia...
–¿Y por qué unos son beneficiosos y otros no? –Porque producen distintos tipos de sustancias: algunos endófitos producen algunas que son tóxicas para el ganado y otros producen otro tipo de sustancias que resultan tóxicas, por ejemplo, para los insectos.
–O sea que no son todos iguales. –En este caso, pertenecen al mismo género, no son todas las especies las mismas. Hay diferencias. De todas formas, en este estudio todavía queda bastante por hacer. Este fue el primer laboratorio en Argentina que empezó a trabajar con endófitos de pasto, a cargo del doctor Daniel Cabral; yo soy discípula de él y estoy continuando la línea. Nosotros hacemos un relevamiento extensivo en todo el país sobre las gramíneas nativas, tratando de determinar si están o no colonizadas por los endófitos y, si lo están, tratamos de determinar cuál es la biología. Hasta ahora detectamos solamente tres que son tóxicas para el ganado; el resto, no.
–¿Tres nada más? –Sí, tres gramíneas tóxicas para el ganado. Dos de la Patagonia y una del norte. El resto no es tóxica. Entonces hay seguramente algún beneficio que el hongo le está dando a la planta.
–¿Cómo es la interacción entre hongo y planta? –El hongo vive a expensas de la planta; no produce nada para alimentarse. El toma los hidratos de carbono que la planta produce por fotosíntesis. Está adentro de las hojitas, vive en la parte del vástago. Puede tomar del medio...
–¿Es multicelular? –Sí, es multicelular: son filamentos. El hongo, por lo menos los que están en Argentina, lo que hace es infectar la flor, crecer adentro de la semilla y así se va transmitiendo de línea materna. No se reproduce en forma independiente: vuelve a crecer en las nuevas plantas a través de las semillas.
–Bueno, es bastante “vivo”... –Sí, claro. Entonces lo que uno considera es que seguramente, para que la planta esté aguantando esta fuente que lo está comiendo (y que, por lo tanto, podría ser visto como un parásito), el hongo de alguna manera le está brindando algún tipo de beneficio. Pero algunos beneficios no son fáciles de medir.
–¿Por ejemplo? –Por ejemplo, a nivel agronómico uno lo que tiende a ver es si la planta es más grande, si tiene más masa, si produce mayor cantidad de semillas.
–Mayor cantidad de semillas es beneficioso, pero más grande no necesariamente. –Bueno, es cierto, depende del medio. Entre otros factores importantes (desde el punto de vista agronómico) nos preguntamos: ¿germinan antes?, ¿germinan después? Ese tipo de parámetros nos interesa. A veces encontramos (de hecho hemos encontrado en varias gramíneas) este tipo de asociación, trabajando en invernadero, cultivando las plantas con y sin endófito y sometiéndola a algún tipo de estrés.
–¿Qué es exactamente el estrés para la planta? –Estrés hídrico, por ejemplo. Y se ve que las plantas que tienen endófito rebrotan mejor, o crecen mejor...
–Bueno, ¿y por qué ocurre eso? –Se cree que producen hormonas o distintas sustancias que favorecen el desarrollo. Pero la verdad es que la parte fisiológica no es mi campo, no es lo que yo estudio más. Pero se cree que producen algún tipo de metabolito secundario que favorece de alguna manera el crecimiento de la planta. O pueden tener alguna toxina que hace que las plantas sean resistentes al ataque de insectos.
–¿Y qué se hace con los pastos infectados que son tóxicos? –Se trata de eliminarlos. Eso se ha hecho particularmente en Estados Unidos y en Europa; acá no hemos tenido ese problema. Pero lo que se trata de hacer es de conseguir variedades del mismo pasto que no tengan el endófito.
–¿Y se consigue? –Sí, pero a veces las semillas no son puras y vienen con alguna proporción de endófito. Lo que los agrónomos van viendo es que en los campos en que siembran las semillas teóricamente sin endófito empiezan a aparecer algunos pastos con endófito. Lo que hay que destacar es que en Argentina es muy bajo, relativamente, el porcentaje de pastos tóxicos. A nivel biotecnológico, lo que se trata de hacer ahora es ver si no se puede inocular el endófito en algunas plantas en las que se piensa que puede producir características beneficiosas desde el punto de vista agronómico. Pero se ha hecho muy poco hasta ahora: es como que hay una compatibilidad tal entre el endófito y el hospedante que esa relación no se puede exportar fácilmente a cualquier otra planta.
–¿Y cómo abordan todas estas cuestiones? –Y nosotros tratamos de abordar eso desde muchos aspectos: salimos al campo a procesar las plantas, las traemos al laboratorio, las miramos detalladamente, hacemos trabajos en vivero, químicos, fisiológicos. Un compañero de investigación está metiéndose en los aspectos moleculares y viendo qué relaciones hay entre los distintos endófitos que colonizan estas plantas, si estas plantas provienen del Hemisferio Norte, si ingresaron con el endófito y acá se diversificaron o si ya entraron líneas distintas...
–Es extraño el mundo de los hongos. –Sí, y es una investigación que nos produce muchas satisfacciones. Sobre todo, me resulta apasionante el mundo de las interacciones: sirve para ver que en el mundo las cosas no están aisladas sino que todo está conectado con otra cosa. Es interesante ver que dentro de la planta hay un universo de organismos que confluye para hacernos ver esa única cosa que nosotros vemos que es la planta. En realidad, esa planta que nosotros vemos y concebimos como una cosa aislada es producto de la interacción.