miércoles, 24 de febrero de 2010

La Dama de la Torre: Capítulo 11

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Poco revelador, el decano Simón de Indias nos ha enterado de su mejor cliente: el embajador de Inglaterra ¿Por qué alguien querría una electrodisipadora como antigüedad? Un misterio, sólo porque es una antigüedad. Pero, ¿y los muertos?¿Y los ataúdes para los muertos por venir?¿Acaso la gente no sigue muriendo y la fabrica produciendo ataúdes? Sí, la gente muere y, en esta novela, sobre todo mueren aquellos que se declaran amantes de la Lógica. Una más, una muerte más, una mujer, una lógica, un punto más para el misterio.


CAPITULO 11


En las entrañas mismas del Departamento de Policía, el despacho estaba decorado en el estilo personal del Comisario Inspector. Cortinajes un tanto gruesos caían sobre las vitrinas dactiloscópicas y los frascos de polvo buscahuellas. Encantadoras marquesitas de cerámica se columpiaban en las paredes, entre lupas y aparatos de tortura. Sobre un piano de cola de tamaño mediano, prolijamente lustrado, flotaban, más que se erguían, copas y distintivos triunfales, frutos y testimonios de toda una vida de lucha contra el crimen organizado. Ambiguos ceniceros de factura bordelesa se balanceaban crudamente en los apoyabrazos de un sillón de la escuela de Paris. El eclecticismo lo invadía todo. Un solemne sillón Luis XV, que el Comisario Inspector retapizaba a menudo, haciéndolo oscilar hasta el gótico tardío, ocupaba, en el centro de la estancia, un espacio desmesurado. En la chimenea, ardía un fuego accesible y acogedor, que subrayaba la poca importancia del verano.

-El señor es el Presidente de la Camara de Fabricantes de Ataúdes-dijo, mirando al hombre que cetrino y pálido a su lado, no hacía más que asumir en lo posible su papel. La pesadumbre parecía ser en él una segunda naturaleza, que lo hubiera invadido en alguna época pretérita, y su expresión, a medias entre la vida y el sueño eterno, evocaba lirones centenarios, bosques de adormidera, planicies pobladas de amapolas, a pesar de lo cual a los ojos asomaba un fondo de penetrante maldad, como un basamento oscuro. ¿Cómo no pensar en Sir Antony Parsons, el amante vil de la Dama de la Torre en la Plataforma de Elsinore?

- Dado que los obreros se organizaron en un sindicato combativo -me explicó el Comisario Inspector-, el señor presentó una denuncia enérgica que fue inmediatamente atendida. No por la denuncia, que es una cosa que hoy ya no le importa a nadie, sino por la energía, que como usted sabe, mantiene una equivalencia precisa, einsteineana con la materia.- El traficante de ataúdes no encajaba para nada con la palabra energía. Parecía moverse con el calor que obtenía de la chimenea.

-Por eso - continuó el Comisario Inspector el Jefe de Policía-, exigió una reunión conjunta entre el señor, los representantes obreros, nosotros dos, y por supuesto, con el mediador natural en este tipo de problemas: el embajador de Inglaterra .

-Casi me cruzo con él -dije-. Estaba por llegar a la casa del Decano de Anticuarios cuando yo salía. Es su principal cliente.

-Me lo imaginaba -dijo el Comisario Inspector -. Aunque parezca mentira,nosotros también tenemos nuestros informes confidenciales, aún de los miembros del cuerpo diplomático, y pese a su extraterritorialidad.

- ¿Y los lógicos? - pregunté

- No van a estar representados - dijo Sir Anthony Parsons, el Presidente de la Cámara de Fabricantes de Ataúdes.

-Sin embargo, deberían estarlo -objeté.

-Deje que yo me ocupe de esto - dijo el Comisario Inspector-. Voy a tratar de convencer al Jefe de Policía, aunque él, como usted bien sabe, quiere mantener las cosas absolutamente separadas. Quedamos entonces para mañana a las cinco en la embajada de Inglaterra.

Sir Antony Parsons se levantó se calentó un rato junto al fuego de la chimenea y se fue.

-Heme aquí convertido en diplomático dijo el Comisario Inspector. - La diplomacia es una ciencia que nunca me ha gustado. Se alimenta de lo banal.

- Cuénteme de la nueva víctima

-Una lógica, como le dije. Creo también haberle dicho que esta vez optaron por el descuartizamiento. En la comunidad lógica cundió el pánico.

-No me soprende en absoluto.

-Claro que no. Alrededor de veinte lógicos se vinieron al Departamento de Policía para renovar el pasaporte y abandonar el país. Por supuesto mi consejo fue que no se los renovaran. Un par de lógicos se refugió en la Embajada de Inglaterra - el Comisario Inspector bajó la voz. De alguna manera, el embajador inglés había conseguido ubicarse en el centro de la trama. Era reconfortante, pero también era inexplicable.

- Y ¿qué se va a discutir mañana entre patrones y empleados funerarios?

-No lo sé; y tampoco me preocupa mucho el contenido de las discusiones. el teléfono interno empezó a sonar. El Comisario Inspector levantó el tubo y estuvo unos minutos hablando en voz baja.

-El Jefe de Policía.- me dijo Sigue llamando cada cinco minutos. Está obsesionado con este asunto.

- ¿Con el de los ataúdes o el de los lógicos?

- Con ambos. Parece que le atañen especialmente. Mejor dicho me lo dijo así : me atañen especialmente.

- Esta lógica muerta también era integrante de SOLOG ?

- También.

- Y ¿no será simplemente un ataque contra SOLOG, algun maniático que quiere destruirla?

- ¿Chi lo sa? La lógica siempre fue algo muy confuso.

Salíamos del Departamento de Policía y nos cruzamos con una caravana de entierros encadenados. Conté hasta diez coches fúnebres, algunos de ellos vacíos.


-Los entierros parecen multiplicarse- dije - Como si la falta de ataúdes incentivara la muerte.

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