martes, 15 de febrero de 2011

Sociedades que envejecen lentamente

DIALOGO CON JULIETA ODDONE, DOCTORA EN ANTROPOLOGIA

El jinete no se siente viejo, nada de eso. Se cree que tiene toda la fuerza de la juventud. Pero sabe que no es cierto. Entonces lo consuela saber que todas las sociedades envejecen como él.

–Cuénteme sobre su proyecto de investigación.
–En Flacso dirijo el área de envejecimiento y sociedad, tema con el que vengo trabajando desde la década del ’70. Es decir que he envejecido con mi objeto de estudio.
–¿Y qué pasa con el envejecimiento en la sociedad? –Siempre hubo viejos en todas las sociedades, por más que la edad de la vejez cambie (ya no son más los 50 años, como hace un tiempo sí lo eran), pero ésta es la primera vez en la historia del mundo en que lo viejo es la sociedad misma.
–Las sociedades están envejeciendo, por lo menos en las sociedades occidentales de los países desarrollados y, diría, subdesarrollados. ¿Y los países como Haití, por ejemplo? –Son más jóvenes, claro. Ellos todavía tienen pirámide de población; nosotros tenemos rectángulo de población. Hay sociedades que todavía no son viejas.


–Y otras que lo son en sumo grado, ¿no? Pienso en China, que es un país tan envejecido, y le pregunto si no va a tener un problema a futuro con las jubilaciones. ¿Cómo mantener a una población pasiva tan importante? –Es una de las preocupaciones centrales allí. Hace poco tiempo estuve en Japón, y ellos piensan que ése es uno de los grandes problemas que van a tener que enfrentar a futuro.
–¿Y el envejecimiento de las poblaciones es un proceso sostenido? ¿Se acelera? –En realidad es un proceso sostenido, y hoy se calcula que en el año 2025 no va a haber sociedad que no haya iniciado el proceso de envejecimiento de su población. Salvo excepciones, ya casi todas las sociedades están viviendo ese proceso.
–¿Y qué va a pasar? –Lo que está pasando. La vejez es ahora mucho más amplia y las sociedades desarrolladas tienen como objetivo el logro del máximo de expectativa de vida humana. Lo que es necesario es plantearse cuál es el sentido que una sociedad tiene de su vejez. La única población que crece en las sociedades de hoy es la vieja, mientras que decrece proporcionalmente la de niños y jóvenes.
–¿Y qué sentido tiene? –Cuando yo entrevisto a personas viejas y les pregunto si saben cuáles son sus proyectos, o qué lugar ocupan en la sociedad en que viven, mayoritariamente responden que no saben.
–¿Y la gente joven lo sabe? –No lo sé. Pero generalmente tienen más proyectos.
–Hay varios cuentos de ciencia ficción en los que se piensa en sociedades donde la gente no se muere. –Hay un filósofo norteamericano que se plantea los escenarios posibles si efectivamente se alcanzaran los 120 años de expectativa de vida. Una de las preguntas es: imaginemos que se puede llegar a los 120 años, pero con tal nivel de deterioro que las personas no puede hacer absolutamente nada. ¿Tiene sentido que se conserve la vida por el solo hecho de conservarla?
–Pero supongamos que se llega relativamente bien a los 120 años... –Y eso plantea otros problemas éticos. ¿Eutanasia? ¿Volver a los límites, por decirlo de alguna manera, biológicos de la vida?
–¿Y qué puede pasar? –Nada. En última instancia, cuando las distintas generaciones o grupos poblacionales se modifican, habrá que ver por qué se produjeron esas modificaciones y luego habrá que ver cómo se distribuye el producto bruto entre cada uno de los grupos poblacionales.
–Pero es un gran problema. Porque si la población que no produce supera cuatro veces a la que produce, ¿cómo se hace la distribución? –No soy una gran especialista en economía, pero creo que es posible. Fíjese que ahora se está intentando en algunos países prorrogar las edades jubilatorias, lo cual no suena ridículo: la edad de jubilación estaba pensada para épocas con otra esperanza de vida, mucho menor.
–Creo que el problema cuando se enfrentan estos temas es que las soluciones que aparecen a la vista no son políticamente correctas. La tasa de producción de un país es necesariamente finita y tiende a un límite. ¿Qué pasa si lo producido hasta ese límite es insuficiente para satisfacer las demandas de una población envejecida que, en un gran porcentaje, no produce? ¿Cómo se resuelve el envejecimiento de la población? –Uno diría que la sociedad se desgrana...
–Un sociobiólogo diría que se cumpliría con las leyes biológicas naturales, que llevaría a un incremento de la violencia y, consecuentemente, a una disminución drástica de la población. Pero todas las cosas que dicen los sociobiólogos son en general para temblar. Porque: ¿puede funcionar una sociedad tan envejecida? –Yo creo que no.
–Y si no funciona, ¿qué pasa? –Creo que deberíamos reflexionar y plantearnos cuál es el sentido que la sociedad le está dando a este grupo en constante aumento. Replantear, al mismo tiempo, qué estamos haciendo y hacia dónde vamos. ¿Cómo podemos pensar en incorporar gente de más edad en el sistema de trabajo si ni siquiera entran los jóvenes? Debería pensarse en un nuevo sistema de distribución: el sostenimiento de la población va a tener que venir de maneras que no sean meramente los aportes sino, por ejemplo, impuestos a las grandes empresas.
–Pero aun eso tiene un límite. –Sí, claro.
–¿Y entonces? –Es un dilema.
–¿Qué piensa usted? –Bueno, hay algún filósofo que plantea volver a la vida natural.
–Yo creo que eso es imposible. Es lo mismo que una eutanasia en masa. –De hecho hay países donde la terapia intensiva no es para todas las edades sino que se limita a determinadas edades. Lo que yo digo es que la tendencia de las sociedades, por más que ellas mismas lo niegan, es a su propio envejecimiento. Y ése no es un problema meramente familiar sino social. Ninguna sociedad se plantea seriamente el tema del envejecimiento, y es algo que deberían plantearse urgentemente.
–Hay dos cosas raras. Por un lado, se retrasa la maduración: hay gente que tiene hijos tarde. Por otro lado, hay montones de madres adolescentes, lo cual es en realidad algo muchísimo más natural. –Y además se puede ser madre a los 60, con lo cual las estructuras tradicionales están completamente dislocadas.
–¿Y entonces? ¿Hay conjeturas sobre lo que va a pasar? –Yo no tengo muchas conjeturas. Son hechos que se están dando con mucha rapidez. Hay más dilemas que conjeturas.
–Pareciera ser que siempre hay un apocalipsis en puerta. La sociedad occidental pareciera necesitarlo. Antes era la guerra nuclear, ahora es el cambio climático. Este tema de la vejez está siendo advertido por gente que dice que si la población del mundo se duplica, no va a haber manera de sostenerla (al menos, no en este planeta). ¿Qué va a pasar? ¿Va a haber guerras? –Esperemos que no. Pero lo cierto es que las guerras se han utilizado mucho a lo largo de la historia de la Humanidad.
–¿Y usted cree que se utilizaron conscientemente o inconscientemente? Porque una población de animales, cuando crece mucho, tiene mecanismos naturales para mantener el equilibrio poblacional. ¿Las guerras son mecanismos conscientes o inconscientes? En el caso nazi fue consciente, sin duda. ¿En qué va a terminar todo esto? Porque todo va a ocurrir, supuestamente, dentro de muy poco tiempo. ¿Podré llegar a viejo yo, si es que todavía no lo soy, antes de que todo esto ocurra? ¡Déme una respuesta! –Lo lamento, pero no la tengo. De todos modos, tenemos que evitar la visión catastrofista. Hay una especie de discurso instalado de que los viejos tienen la culpa de todos los males sociales. Y lo cierto es que la gran mayoría de los viejos se mueren autoválidos. El verdadero tema es que hay personas que van a pasar 30 o 40 años sin estar en el sistema de trabajo. Y no me refiero solamente a los viejos sino a los jóvenes. ¿Qué hacemos con eso?
–Dejamos más preguntas que respuestas. –No veo cómo podría ser de otra manera.

Imagen: Pablo Piovano