lunes, 28 de mayo de 2012

El universo artesanal


En el principio hubo una gran explosión... Algo que todavía no era materia y que todavía no era energía empezó a expandirse y a crecer... y siguió haciéndolo durante los aproximadamente quince mil millones de años que nos separan de ese instante inicial. Y en el entreacto ocurrieron muchas cosas.

Pero hasta llegar a ser lo que hoy es, el Universo fue muchas otras cosas. Hubo muchos universos antes que éste, cuyos misterios estamos conociendo y cuyos primeros trillonésimos de segundo estamos llegando a comprender, hubo universos planos, rodeados por océanos y limitados por una cúpula celeste más o menos lejana, hubo tortugas y elefantes que nadaban en un agua impura, hubo columnas que sostenían lo insostenible. Llevó mucho tiempo convertir el cúmulo de impresiones sensoriales que nos acosan en un objeto físico y astronómico; llevó mucho tiempo convencerse de que vivíamos en un cosmos, y que ese cosmos era una "cosa" que había que explicar y describir como todas las demás cosas que _en este caso_ la componen.

El Universo que dejó como legado la ciencia antigua era un universo esférico, en cuyo centro la Tierra, esférica también, presidía _de alguna manera_ el movimiento de los cielos construidos a su servicio. La astronomía griega, gracias a nombres tan ilustres como Hiparco (alrededor de 190 a 120 a. de C.) o Tolomeo (primera mitad del siglo II d. de C.) construyó su universo. La Tierra, como dijimos ocupaba el centro, y la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno giraban a su alrededor, fijados a esferas o ruedas que mantenían un movimiento eterno, circular e inmutable. Más allá, estaba la esfera de las estrellas fijas, y allí terminaba todo.

Era un universo limitado, finito, artesanal, ya que las ruedas y esferas que movían al Sol, la Luna y los planetas tenían a su vez rueditas y subrueditas que permitían ajustar las predicciones sobre el movimiento de los astros a las observaciones... y ajustarlas bastante bien. El Universo de Tolomeo recuerda mucho a los ingeniosos autómatas y mecanismos que desarrollaron los técnicos de la escuela de Alejandría, más o menos por la misma época: es un verdadero universo de engranajes, el producto de una cultura suficientemente refinada y antigua como para no temerle a la complicación. Porque, aunque aparentemente intuitivo, ese universo es conceptualmente complicado: las ruedas dentro de ruedas son de existencia poco palpable; la tentación de tomarlas como simples recursos técnicos es grande... y entonces... ¿dónde queda la intuición?

Pero era un universo, al fin y al cabo. Algo sobrecargado si se quiere, pero un universo completo: con su física _la aristotélica_, su astronomía y sus predicciones aceptablemente corroboradas, hasta el punto de que sólo catorce siglos más tarde, en tiempos de Tycho Brabe, hizo falta mejorar el libreto de Tolomeo. Y si bien el exceso de esferas podía resultar un poco incómodo (y a veces hasta poco decorativo), no había ningún otro universo al cual echar mano. Fue el primer universo que tuvo la cultura occidental _y probablemente la ciencia_ y sobrevivió mil quinientos años, cumpliendo aceptablemente sus funciones. Aparte del de ser falso, no tenía grandes defectos, por lo menos grandes defectos observables.

Pero no sobrevivió al Renacimiento. El desarrollo de las técnicas de observación complicaron el ruedaje de Tolomeo hasta límites exasperantes, la revolución física interpuso obstáculos insalvables _que costaron hogueras y destierros, dicho sea de paso_ el telescopio introdujo objeciones insoslayables _¿cómo se explicaba que los satélites de Júpiter descubiertos por Galileo no giraran alrededor de la Tierra?_ y, al final, las esferas, las ruedas, las rueditas y Tolomeo saltaron por los aires... entonces, en el tiempo que va de Copérnico a Newton, el universo se reconstruyó de arriba a abajo. El nuevo universo era un prodigio de belleza y simplicidad, y su creación es probablemente una de las más hermosas construcciones de la ciencia y del hombre. El universo que finalmente establece Newton, es un universo clásico.