lunes, 25 de marzo de 2013

La primera pregunta

El movimiento es lo obvio, lo que está allí. Al fin y al cabo, casi todo, a nuestro alrededor, se mueve. Vemos al Sol atravesar el cielo, vemos la piedra que cae, al insecto arrastrarse penosamente sobre su camino mínimo. Vemos al proyectil cruzar el aire límpido de una mañana de verano, casi flotar en él, y luego precipitarse al suelo. Y aunque no lo vemos, ni lo sentimos, sabemos que la Tierra, que nos parece en reposo, cruza el espacio con velocidades de pesadilla. Las partículas se agitan en el fondo de los átomos. El mundo que nos rodea es cambio, no permanencia: se mueve.

Pero no todas las cosas se mueven de la misma manera. Si se empuja una pelota, ésta rueda hasta que se detiene, como si se cansara de haberse movido. Si se suelta una piedra, cae cada vez con más velocidad, como si estuviera apurada por regresar al suelo. Los objetos celestes en cambio, parecen moverse solos y siempre de la misma forma, como si la hubieran aprendido, les gustara y no encontraran una buena razón para cambiarla. Tampoco caen al suelo, como la manzana o la piedra.

Ni siquiera todos ven los mismos movimientos de la misma manera. Si se mira el libro que se lee mientras el tren nos arrastra hacia algún destino más o menos incierto, el libro parece estar quieto, en reposo, en nuestra mano. Pero el que desde afuera nos ve pasar a gran velocidad, observa que el libro se mueve, junto con el tren y con nosotros. ¿Quién tiene razón?

Milan Kundera sostiene que "la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido". Casi igualmente, la lucha del hombre por comprender la naturaleza fue, en gran medida, la lucha por comprender el movimiento. Por qué se mueven los cuerpos es una de las preguntas más antiguas de la física, y desde las primitivas explicaciones hasta la teoría de la Relatividad, desde Aristóteles a Einstein, se razonó, se pensó, se especuló sobre las causas y modos del movimeinto y el reposo, se tratáo de distinguirlos, se buscó algo cuyo movimiento --o falta de él-- fuera absoluto y nadie pudiera discutirlo, y muchas veces se lo encontró. La mecánica avanzó penosamente, en ocasiones quedó estancada durante siglos y a veces produjo estallidos espectaculares, en los que las concepciones del hombre sobre el movimiento --y al mismo tiempo sus concepciones sobre el mundo-- tuvieron que cambiar rápidamente. La primera teoría completa sobre el movimiento --la aristotélica-- era una teoría quietista: el movimiento era una alteraciáon de lo inmóvil, era un acto que tenía lugar al solo efecto de restaurar el orden, era algo que los cuerpos hacíanpara preservar la armonía del mundo que algún desajuste había interrumpido. Los cuerpos se movían porque querían moverse, porque querían regresar al sitio que les correspondía, o si no, porque algo los obligaba a hacerlo.

Fue la primera --y equivocadísima-- respuesta a la pregunta: ¿por qué se mueven las cosas?