lunes, 15 de marzo de 2010

Historia Crítica de la Ciencia Argentina

Historia Critica de
la Ciencia Argentina
Julio Orione

Capital Intelectual, 100 páginas


“Cuando en 1930 el general José Félix Uriburu derrocó a Yrigoyen, en el país existían embriones de ciencia madura, en consonancia con las tendencias e intereses de los países centrales. Pero, simultáneamente, crecía el desinterés entre los sectores dominantes por el pensamiento científico, es decir, libre (el término ‘librepensador’ caracterizaba en esa época al partidario del pensamiento científico, progresista, antidogmático y racionalista: el darwinismo era el emblema de ese progresismo). Un desinterés que se conjugaba y potenciaba con el auge de una corriente teórica iniciada como ‘antipositivismo’ pero que, de hecho, terminó oponiéndose al racionalismo y al pensamiento científico.”

En su Historia Crítica de la Ciencia Argentina, Julio Orione retoma las posiciones y posturas de se disparan contra la ciencia (en colaboración con Sergio Núñez), y traza la línea que describe el subtítulo: “Del proyecto de Sarmiento al reino del pensamiento mágico”. Es muy notable, desde ya, un libro que retoma categorías que en tantos ámbitos se consideran “obsoletas” a pesar de su indeseable y tenaz presencia entre nosotros: el ser reaccionario, el espiritualismo, la intervención de la Iglesia Católica (sin olvidar el fascismo y el racismo) como los enemigos de una línea de pensamiento progresista y racionalista, y que apuntan, sin ninguna duda, a todos los discursos posmodernos y anticientíficos que plagaron nuestras facultades y que afortunadamente, según parece, están en retroceso (en tanto se revelaron como la filosofía exigida por el neoliberalismo que azotó nuestras sociedades).

En cierta forma es reconfortante que alguien, sin pelos en la lengua, llame a las cosas por su nombre, en momentos en que puede resultar “políticamente incorrecto” defender la nefasta política universitaria del peronismo, por ejemplo, o rescatar la figura de Sarmiento como el fundador de un proyecto científico nacional (y poco conocido, desde ya), o de recordar los antecedentes reaccionarios y antisemitas de figuras como Angel Gallardo entre tantos otros; produce un efecto refrescante una lectura que no casa con muchas corrientes de los estudios sociales de la ciencia, que si bien son más sofisticadas y académicas, a veces, en virtud de esa misma sofisticación olvidan el papel que juegan el oscurantismo y la reacción, así sin aditamentos. Leerlo no sólo es importante. Además, hace muy bien.