domingo, 22 de agosto de 2010

La Dama de la Torre: capítulo 31

 >>Ir al capítulo 30

CAPITULO 31


El auto volaba por la Panamericana. Más que moverse,parecía fluir: era un vehículo hiperindustrial, de caja automática y frenos a tracción.La doble vía de la autopista estaba casi libre de tráfico en nuestra dirección.Pero en la dirección contraria,nubes de automóviles se desplazaban casi flotando sobre el asfalto caliente. La autopista transcurría al lado nuestro como una película de protesta,que mostraba sucesivamente villas miseria,lujosas residencias, villas miseria otra vez. Vimos a una mujer que,junto a una pared medio derruída,parecía también ella un montón de escombros.Perros itinerantes olfateaban cada tanto las faldas de señoras muy orondas,pero después de un tiempo empezaron a parecer el mismo perro,la misma señora.Los barrios se sucedían unos a otros sin que nada pareciera cambiar.

-Ese sistema de traslados del Anticuario Mayor me parece muy poco práctico dije,mirando de soslayo a la lógica joven ,que se había adormecido por el miedo.

-Y sin embargo,funciona dijo el Comisario Inspector Según dicen,hace años que lo practica con excelentes resultados y sus lógicas consecuencias : que no sale casi nunca.

- Y puede conducir la comunidad de anticuarios de esa manera?

- Con mano de hierro,créame.Dudo que ocurra algo en el mundo de las antigüedades sin que el Anticuario Mayor se entere ,y eso en el caso de que no sean sucesos planeados con toda intención Dos falcons amarillos y sin chapa salieron de un cruce y empezaron a seguirnos,como si nos escoltaran,unos metros mas atrás.Parecía fortuito,pero tenia su significado.Con una maniobra que despertó a la lógica joven ,logre distanciarme,y colocarme justo delante de uno de ellos,ignorando al otro.Al romperse la simetría de la persecución,los falcons se alejaron.

- Y piensa que podremos manejarlo?- pregunté.

- A quién? Al Anticuario Mayor ? Ni soñando.Con un poco de suerte,podremos pescar algunas de las puntas de la situación,y con un poco mas de suerte lograremos verlo como graficando las puntas de la situación,un transporte de cadáveres se adelanto,silencioso y enorme.

- Quien mata a los lógicos? -pregunté,señalando los cuerpos apilados Asesinaron a uno delante de nuestros ojos,y no podemos decir cómo ocurrió.

-El crimen no tiene sustancia dijo el Comisario Inspector Y por lo tanto no necesita explicación.Seguramente el Jefe de Policía seguirá con su alquimia experimental,y sobre pilas de cadáveres tratará de apresar la esencia destilada del delito.Buscan despojar a la realidad de causas,para que lo buscado quede solo,desnudo,monocausado,o autocausado,y entonces señalar un responsable,arrancado arbitrariamente de una trama que se desdeña.

-Si hubo un asesinato,debió haber un asesino -razoné No podemos tener un muerto incausado,y menos que menos si se trata de un lógico En verdad,hasta yo mismo sentía ahora la necesidad imperiosa de encontrar un culpable.Si no, los lógicos muertos en aras de la furia experimental del Jefe de Policía, se convertirían en una demostración palpable de la futilidad de toda percepción. Nuestra relación con el mundo,pues, estaba en juego.

- Bah dijo el Comisario Inspector señalando una de las salidas de la autopista Doble por aquí,y después siga derecho unas cuadras. Usted sabe que la impotencia explicativa puede disfrazarse de muchas maneras,y no dudo de que lo harán.Pueden inventarse asesinos ad-hoc,puede decirse que el asesino fue muy rápido para nuestra percepción sensorial,que estaba admirablemente camuflado,o,last but not least,se puede condenar a un inocente y asunto arreglado.O si no,en último caso, el experimento puede repetirse hasta que los crímenes se conviertan en rutina y no necesiten explicación.Pero ya estamos llegando. Espero que podamos entrar.

- Puede haber dificultades?

- No lo se.La vigilancia es ultrarredundante.El Anticuario Mayor un ejercito privado.Y privados o no,nadie garantiza que uno pueda entenderse con los militares.

-Esperemos que los militares privados sean más permeables que los públicos

-Me había olvidado de contarle que el Anticuario Mayor tiene un excelente jardín -dijo el comisario inspector Según los anticuarios corrientes, es la octava maravilla del mundo.Claro que puede tratarse de una opinión interesada.

Pero ya desde lejos se percibía el olor árabe y un poco sobrenatural de las especias :la nuez de Milán,el cúrcumo de la India,el sencillo paleque,el shefir y la nuez moscada.Era un olor íntimo,pero grandioso.Las calles adyacentes a la quinta parecían despojadas de gente y habitadas tan solo por variedades elegidas especialmente entre lo natural y formas orgánicas indiscernibles unas de otras,entre las cuales surgían avenidas rectas que penetraban en la quinta sin solución de continuidad.La entrada estaba marcada apenas por un par de piedras blancas que frente a la luz que disminuía implacablemente,cobraban fosforescencia.Y en cuanto a la vigilancia,no había ninguna : todo el aparato de seguridad estaba desactivado.Solo vimos torretas de guardia deshabitadas y troneras vacías.

-Aquí es donde se recluye este extraño personaje dijo el Comisario Inspector Desde aquí rige su imperio con mano de hierro y se dedica a su pasión obsesiva: la flor gitana.

La lógica joven parecía agobiada por esa introducción multiforme a los dominios del Anticuario Mayor.Los caminos que cruzaban el jardín no eran claros.Aun las avenidas delimitadas por limoneros fragantes y arbustos aparatosos estaban imbuídas de una acuciante vaguedad.Nada se encadenaba con nada.Los helechos acerados atravesaban sin dificultades la maraña prehistórica,y modernas y complicadas floraciones aparecían entre arbustos antiquísimos.No había transición entre las especies vegetales,como si alguien hubiera querido subrayar la permanente incoherencia en las cadenas biológicas, sugiriendo que solo una mano superior podía haber producido semejante desorden.


El propósito del Anticuario Mayor era claro : había querido construir un mundo completamente verdadero.Y,en efecto,no había nada engañoso allí : si los colores y los tonos de verde parecían poco firmes,es porque la naturaleza misma era confusa y no se adaptaba a las categorías de la percepción.Cruzamos un serpentario monstruoso y un chalet algo tímido,donde un grupo de copistas pasaban trabajosa y minuciosamente,sobre pergaminos,textos ya editados en millones de ejemplares,restableciendo,por encima de la imprenta, la computadora,y las glorias del best-seller, gracias a la fortuna y la visión del Anticuario Mayor ,la continuidad del palimsesto,reinventando el raro valor del incunable.Una cancha de tenis se extendía solitaria,incongruente.

Debajo de unos arbustos encontré un objeto que brillaba y que me llamo la atención.Lo levanté : era un sacalenguas,idéntico a los que había visto en el Departamento de Policía.Idéntico también al que perteneciera al florido y renacentista Leontino Melazzi.

- Horrible aparatejo dijo el comisario inspector -Mejor,déjelo donde lo encontró.

Al cabo de unos pasos vimos el palacio del Anticuario Mayor : tres pisos que se apilaban como épocas superpuestas, de cualquier manera. Ciertos rasgos del estilo sugerían que se había prestado demasiada atención a los detalles : loritos pequeños,tallados en el estuco de la entrada,la curiosa forma de un llamador,cincelada según los dibujos de un herbolario,caía,redundante e inútil,junto a una mirilla electrónica.La puerta estaba,empero,abierta.

La lógica joven temía entrar : la apariencia general del castillo,por lo visto,la intimidaba . Qué temía? Qué estaría recordando? El Comisario Inspector,indiferente a la apariencia de los fenómenos (y especialmente a los que llevan el sello inconfundible de la factura humana) empujo la puerta con frialdad policial.Yo,entretanto,aunque atento a los posibles desmayos de mi amada,y sin olvidar los precisos objetivos de la misión que nos había traído,tomaba la excursión como un suceso inevitable,como una de esas cosas que nos acechan porque si.Había adoptado una especie de sabiduría del azar,o tal vez el jardín vaya uno a saber me había sugerido la desconexión entre los eventos,la soberbia de prestar atención solamente a lo que subyace bajo ellos.

Sin embargo,el interior era banal : ocupado por pesados muebles de madera y robustos armarios metálicos.Una escalera ascendía,siniestramente.

Pasamos al segundo salón,completamente vacío,si se exceptúa un taburete de piano situado justo a la izquierda del centro geométrico : sobre él,en un vaso de cristal,oscilaba,flotando sobre un pequeño espacio de aire,el máximo hallazgo del Anticuario Mayor : la flor gitana.

Cómo había logrado forzar a la naturaleza para producir semejante artificio? Cómo había logrado sugerir,sin llegar a alcanzar,lo inmortal? Qué jardinería paciente había producido ese hálito,casi verbal,que desprendía? Qué manipulaciones biogenéticas,qué fuerzas,habían arrancado,de lo orgánico,ese fino alambre de metal que cosía los pétalos como labios de algo muy oculto y pecaminoso?

Y no tenia el amaneramiento neurótico de la rosa común,y estaba lejos también de la sofisticación de la orquídea,o del tono neutro y superlativo,pero a la vez inefable de la stacia negra.Ordenada en círculos concéntricos,que emitían una costra de luz, era artificial,era orgánica,y sin embargo,era verdadera.

Era algo como no habíamos visto nunca. Nos quedamos en silencio,admirando el artilugio,la minuciosidad botánica.

-Bien dijo al fin el Comisario Inspector,rompiendo el efecto.- Ya hemos visto la Obra.Ahora busquemos al Arquitecto.

La lógica joven había empezado a mover los brazos en el aire,era su forma de jadeo,su expresión de asombro por hallarse,de alguna manera,en el terreno de lo inverosímil,y de comprobar su palpable posibilidad.Como la mayoría de los lógicos,no creía en los objetos agrupados de manera estrambótica,ni en las situaciones que no remitieran a un mundo preciso,donde la helada geometría tendría siempre la última palabra. Qué hacer ahora con esta revuelta de lo real? Cómo absorber esta aparición,que parecía un retorno? Porque esta intrusión en los dominios del Anticuario Mayor,la falta de vigilancia,el hallazgo de un sacalenguas tan fuera de lugar,y la misma existencia de la flor gitana,respondían a un mecanismo que se nos escapaba por completo, como si la causalidad y la novela hubieran resuelto reconstituirse a cada instante,y siempre en una dirección equivocada.

La lógica se desconcertaba porque las categorías se comportaban en forma inédita :lo fabricado surgía en forma espontánea,natural,y los productos de la naturaleza resultaban concienzudamente artificiales.El Comisario Inspector ponía en juego su sublime indiferencia : la flor gitana no era,para el,sino un eslabón mas de este molesto caso de lógicos y ataúdes.De atrás de las cortinas que cerraban el otro extremo de la habitación,partía una luz pálida : los bordes estaban solapados cuidadosamente,sugiriendo,detrás,la límpida geometría de un misterio.Hasta cierto punto,era una irrupción de lo cotidiano. El Comisario Inspector corrió las cortinas de golpe.

La habitación contigua era amplia,cuadrangular.En el centro,el embajador inglés, vestido de sport y en zapatillas de tenis,jugaba al billar con el tercer secretario de su embajada. A su lado,una computadora marcaba los tantos.El Anticuario Mayor había dedicado el salón al que consideraba el mas noble de los juegos.Los tacos,finos y esbeltos,se alineaban en las paredes como dedos alargados que trataran de captar lo imposible.Las esferas rojas y blancas,los tapetes verdes,los cuadraditos de tiza cuidadosamente apilados, los puntos que cruzaban la pantalla de la computadora lentamente,como penitentes de un culto secretísimo, inducían una curiosa sensación de inmensidad. A los pies del embajador de Inglaterra, descansaba un laúd.

-Señores, dijo el embajador inglés átonamente la situación es grave.El Anticuario Mayor ha desaparecido.

>>Ir al capítulo 32