miércoles, 1 de septiembre de 2010

La Dama de la Torre: capítulo 32

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CAPITULO 32

No sabíamos qué decir y el embajador inglés aprovechó para seguir hablando.

-Los átomos giran en lo imperfecto dijo.- Lo microscópico se organiza una y  otra vez en forma definitiva. Que importan los sucesos? Se deshacen como un  caramelo al contacto del agua.

- Donde esta el Anticuario Mayor ?

- Ha desaparecido -dijo el embajador de Inglaterra,como si lo dijera por primera vez.

- Lo comprobaron?

- Es necesario comprobar algo para saberlo? contra su costumbre,el embajador inglés había adoptado un lenguaje transparente Esa es la falacia del empirismo: en el terreno de lo macroscópico,siempre ignoramos todo.La finca esta vacía,como ustedes habrán,sin duda,observado.

- Solía salir para diversas reuniones argumenté.

- El helicóptero está estacionado detrás de la residencia -dijo el embajador inglés.-La servidumbre ha huído.Interrogamos a los copistas de best-sellers, pero no sacamos nada en limpio -el tercer secretario de la embajada abrió la boca para decir algo,pero lo pensó mejor y se callo.

- Lo malo es que esta desaparición amenaza por desquiciar por completo el mercado de antigüedades -dijo el Comisario Inspector Un mercado que,llegado el caso,es muy difícil de recomponer.

-Me parece que habría que recorrer el castillo -sugerí.

-Vaya si quiere-dijo el Comisario Inspector -De poco le va a servir.

Subí la escalera, escoltado por la lógica joven. Los pisos sucesivos se fragmentaban, sugiriendo a la perfección un laberinto, y sin embargo sin llegar a serlo.Cruzamos dormitorios y mazmorras como una exhalación, atravesamos los patios múltiples, subimos escaleras ya redondeadas, vimos dibujarse en el aire enrarecido los fantasmas de nosotros mismos, nos internamos por secretos pasadizos. Buscamos una cámara donde pudiera estar oculto, el lugar mas extremo,si fuera posible, del mundo. Pero si aquello era un mundo,era un mundo curiosamente deshabitad: el Anticuario Mayor había alcanzado cierto ascetismo esencial. Ni una cortina,ni un mueble,atenuaban el amontonamiento de piedra.Sólo encontramos en las paredes peladas, un cuadro digno, según nos pareció, de Rembrandt (una repetición del panel de Sadaf), sobre un fondo trabajado con las pinceladas perfectas del Pollaiuolo y un afán expresionista y simbólico que dejaba muy atrás a la escuela alemana. La firma era indescifrable.Volvimos transfigurados, transtornados por la repetición.
El embajador inglés colgó los tacos de billar en sus soportes de madera de chilenel, guardó las tizas, cubrió con un paño las esferas, apagó la computadora, la introdujo en dos módulos transportables y la cargó sobre los hombros del tercer secretario. Recogió el laúd y lo metió en un bolso de mano, parecido a los que se usan para la ropa de tenis.

- No seria útil interrogar a los copistas? pregunté.

- Podemos hacerlo -dijo el Comisario Inspector,mientras la lógica joven empezaba a agitar los brazos en el aire-, pero va a ser solo una perdida de tiempo.Lo mejor es volver directamente a la capital.

- A los brazos del Jefe de Policía !

- No le tenga miedo -dijo el Comisario Inspector .- Mientras le queden lógicos para sus experimentos, y todavía le quedan algunos lo peor que puede pasar es que nos cuente una anécdota.Pero si usted quiere,vamos primero a hablar con los copistas la lógica joven abrió los brazos y los extendió en cruz .

Había seis copistas,de diferentes edades,sin que pudieran discernirse  parentescos entre ellos,ni el aire familiar que uno comúnmente asocia con la artesanía.De una manera confusa me recordaban a los obreros del barrio de los ataúdes.Trabajaban sobre pupitres altos,iluminados por focos de mercurio y titilantes lámparas de neón,incandescentes.Estiletes incisivos para hendir los pergaminos,alates filosos para remover viejos barnices y preparar los palimsestos se alineaban sobre las cánulas de los pupitres. Clavos de acero de triple punta servían para fijar los pergaminos a los tableros donde se limpiaban con alicates y cérulas que los despojaban de toda suciedad.Elegantes frasquitos contenían las tinturas vegetales y las adherencias químicas que se utilizaban para iluminaciones y miniaturas.Al lado de los pergaminos,se apilaban los best-sellers : desde El Pecado sin Final hasta El Collar sin Sentido. Princesas rusas y terroristas palestinos convivían sin temor.Accidentes de aviación eran evitados a último momento por audaces aficionados.Novelones históricos y góticos,se combinaban con pequeños y dosificados breviarios de erotismo elemental.

- Lo ignoramos todo dijo el que se presento como jefe de taller por otra parte,el Anticuario Mayor nunca viene por acá.Algunos de los artesanos mas jóvenes apenas si lo han visto alguna vez.

- Sin embargo,deberían haberse enterado insistí.- La propiedad esta desierta.No hay servidumbre , ni capataces , ni nada.

El jefe de taller señalo tercamente los pupitres.- Mientras tenemos materiales continuamos con nuestro trabajo.A la noche,apenas cae el sol y suena el ángelus,respetamos la tradición y nos recogemos en aquellos jergones,en un rincón,mientras toda la finca se ilumina con el resplandor de la flor gitana.Recién cuando necesitemos más material tomaremos contacto con el Anticuario Mayor por teléfono señalo un aparato casi disimulado por una pila de pergaminos a medio trabajar También por allí recibimos las ordenes.

- Que tipo de ordenes?

- Intensificar o retrasar determinada línea de trabajo.Hace unos días,sin ir más lejos,se nos indicó que nos dedicáramos por entero a La Dama de la Torre. También hablamos para cuando queremos solicitar un plato extra de gachas,que complementan una comida que no por abundante es, ay! ,suficiente.

- Hoy recibimos las vituallas normalmente apunto un aprendiz

- A que hora?

- A la hora tercia,como siempre.Dejaron los víveres cerca de la puerta trasera,cabe el grifo, en un container aislante.- tomé nota mentalmente de la hora.

Mientras se desarrollaba la charla,la lógica joven estaba completamente distraída,absorta en descifrar una miniatura que iniciaba un truculento novelón sobre un par de periodistas norteamericanos que descubrían una falla en una central nuclear.Los ciclotrones estaban cuidadosamente dibujados,abrazándose en torno de una I carnosa.El Comisario Inspector,por su parte,revisaba con sumo interés las pilas de best-sellers,anotaba algunos títulos y se inclinaba fascinado sobre la transcripción de La Dama de la Torre ,que se llevaba a cabo en el pupitre principal.

Casi sin proponérmelo levante el tubo del teléfono.Del otro lado de la línea me llegó un murmullo confuso.Dos voces se entremezclaban discutiendo algo.Me pareció reconocer a Avelino Andrade,el sindicalista funerario.

- Este teléfono comunica con la capital?

- No,señor,es interno dijo el jefe de taller sonrojándose.El teléfono había vuelto a un sonido completamente neutro.

- Está bien dije. Me parece que nada más por hoy. a través de una ventana vimos al helicóptero elevándose detrás de un grupo de árboles.

- El embajador inglés se nos adelanta siempre dijo el Comisario Inspector,abandonando su minuciosa inspección.Salimos.El jardín maravilloso del principio se había transformado en algo muy hostil,después de cumplir una transfiguración completa.Era como si las especies hubieran cambiado de actitud: en lugar de querer enseñarnos algo inefable,nos cerraban el paso.Los bramidos del serpentario nos llegaban como sibilantes amenazas a través del aire denso y vegetal,de donde escapaba la luz y que empezaba a alumbrarse con los tenues resplandores de la flor gitana.El aroma de las especias había virado hacia un tono acre,simbólico.

Cuando encontramos el auto era ya noche cerrada.La flor gitana ,completamente abierta y ya en su plenitud, iluminaba la propiedad con una luz suave, lechosa, indiferente.

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