viernes, 24 de septiembre de 2010

La Dama de la Torre: capítulo 34

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CAPITULO 34

Esférico, infantil, el Jefe de Policía sigue sacrificando lógicos en los altares de lo experimental, frente a su cartón pintado, que establece a la vez la solidez y la falsedad del mundo. Buscamos al Anticuario Mayor entre las ruinas, pero lo hacemos como hormigas policiales, insectos de poca ralea y monta, tanteando un camino incierto. Los cadáveres que se caen de los carros y empedran el asfalto componen una tesitura constante, una música de fondo que tiñe toda la escena, que impregna los pensamientos y las cosas. Los colores mismos parecen cadáveres, y a la ciudad sólo le resta elevar en el aire sus pendones de luto, izados en un mástil que a tal fin sostendría el Intendente Municipal. Cadáveres esbeltos, sofisticados, a los que la rigidez repentina de la muerte ha impreso el gesto siempre exhibicionista de las estatuas. Las trayectorias fúnebres tejen un lamento monocorde, una tela de araña finísima y sutil, en la que nos debatimos como una abeja en una jaula de piolines.

Bah. Es apenas una gelatina esponjosa que envuelve a la ciudad y frente a la cual el smog parece el recuerdo de una época superada y feliz. ¿Pero es que acaso la vida cotidiana se conmueve? ¿Acaso el ir y venir de los mortales no es el de siempre, distinto, diferente del de los muertos? Y es que,precisamente , de eso se trata: los muertos recorren la ciudad en igualdad de condiciones con todos los demás. A no ser por las mortajas y por los letreros que los identifican, nadie sabría a ciencia cierta quien es quien,de qué lado está cada uno.

Eso es todo .Eso y nada más. El resto, sigue igual: los joyeros abren sus tiendas ,y ruedan las puertas giratorias de los bancos.Los niños juegan,los hombres y las mujeres vivas caminan por las calles , y las pálidas colas de peticionantes se forman con indiferencia ante la puerta de los ministerios. A veces,la excesiva profundidad de la mirada,delata la existencia de una tragedia familiar , o una mirada de soslayo a los coches negros que pasan lentamente junto a las veredas,exhibiendo miembros musculosos,recostados,decorados ambiguamente con sangre coagulada,prenden y hacen germinar la nostalgia de los ataúdes,el anhelo de la madera,ese resto telúrico que la civilización industrial aún no consiguió reemplazar por el plástico,ni confiar a la dudosa biodegradación de los polímeros. Pero,qué ciudad es ésta? Dónde están ocurriendo estas cosas? Cuál es el campo que se puebla de cadáveres que ya cada vez encuentran menos lugar en panteones y nichos? Podrá la Municipalidad habilitar nuevos cementerios, se podrán fabricar a toda prisa los osarios que  la situación requiere? Y no ha habido,sin embargo,guerra,peste,ni maldición alguna: sólo ocurre que los cadáveres desnudos reclaman a sus hermanos,los cuerpos vivos.Los tientan,los llaman,les ofrecen vaya uno a saber qué cosas.

Y es que, al no interponerse entre ellos el ataúd como un hermético cinturón de castidad, los cadáveres se reproducen como seres vivos, y engendran más cadáveres,fundan estirpes duraderas, definitivas dinastías.Los cuerpos atraen a los cuerpos,como las esferas atraen a las esferas y los astros que gravitan atraen a los astros en los espacios astronómicos,donde sólo existen la fuerza y la organización.

Se cuentan cosas,y uno no sabe si creerlas. Que los ricos entierran a sus hijos pequeños en grandes frascos de cristal.Que en los barrios pudientes,donde pululan las gemas,y donde las pantallas electrónicas centellean sin pausa al mando de niños terribles como sargentos,se cosen mortajas de dorado terciopelo,y se las almidona cuidadosamente para que constituyan esa mínima protección que se les escatima.Y que en las villas miseria,en el otro extremo de la barranca social,se ha optado por enterrar a los muertos entre la basura,ocultándolos a los depredadores de dentaduras,que buscan,inútilmente en estos tiempos,dientes de oro y prótesis reutilizables,y que terminan contentándose con un poco de marfil.

Pero nadie se queja.Del mismo modo que nadie parece sufrir por la falta del Anticuario Mayor, y nadie se desespera por la ausencia y la muerte de los lógicos,que poco a poco,y bajo la batuta ominosa del Jefe de Policía,están alcanzando el status de una especie en extinción. Tal vez la gente ha aceptado el presente,que penetra como una realidad inmóvil,fijada por la desgracia.Los semáforos impasibles siguen latiendo en la noche negra y sin tráfico Pero la luz y la sombra,ahora,son sólo detalles.En las noches calurosas y atroces,ha anidado una negrura especial.Bandadas de grajos sobrevuelan los barrios y una pareja de cintillos anidó en los recovecos de la Catedral. Y la vida cotidiana se conmueve? Alguien deja de correr detrás de una angustia que no es tal,apartando los ojos de los ojos  cadavéricos que lo miran,como si perforaran una bruma permanente y brutal? La atmósfera es propicia para la leyenda,o la desaparición. Pero hay alguien que se conmueva? Alguna voz que llame? Algún llanto que atraviese la noche perforada de cadáveres desnudos?

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